Jonás Emanuel Verdún Lizarraga, de 16 años, murió ahogado en las aguas de Reta, un pequeño balneario del sur bonaerense, luego de meterse al mar en una zona sin guardavidas y en una jornada marcada por el fuerte oleaje. Su cuerpo fue hallado tras más de 48 horas de intensa búsqueda por tierra, aire y mar.

La ilusión de conocer el océano Atlántico se transformó en tragedia en cuestión de minutos.Jonás Emanuel Verdún Lizarraga, de 16 años, murió ahogado en las aguas de Reta, un pequeño balneario del sur bonaerense, luego de meterse al mar en una zona sin guardavidas y en una jornada marcada por el fuerte oleaje. Su cuerpo fue hallado tras más de 48 horas de intensa búsqueda por tierra, aire y mar.
La investigación quedó en manos del fiscal Gabriel Lopazzo, titular de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N° 16, quien confirmó que la autopsia determinó como causa de muerte la asfixia por inmersión.
Un sueño cumplido que terminó en pesadilla
Jonás había llegado el domingo 15 de febrero a Reta, una localidad costera perteneciente al partido de Tres Arroyos. Viajó desde Caseros, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, para pasar unas vacaciones junto a sus tíos abuelos.
Era la primera vez que veía el mar. Un deseo largamente esperado que finalmente se concretaba en plena adolescencia. Según relataron sus familiares, el joven estaba fascinado con la inmensidad del océano, las olas y la vida de playa. Planeaban quedarse todo el mes.
El jueves 19, cerca de la tarde, salió caminando desde la casa donde se hospedaba. “Me voy a despedir del mar y vuelvo”, les dijo a sus familiares, una frase que solía repetir cada vez que salía rumbo a la costa.
Pero esta vez no regresó.
Un mar embravecido tras la tormenta
La jornada no era una más. El miércoles por la noche había azotado una tormenta que dejó el mar revuelto. El jueves, las condiciones eran adversas: olas de casi dos metros, corrientes intensas y canaletas profundas formadas por el movimiento del agua.
Jonás caminó por la calle 36 hasta la playa. Dejó cuidadosamente su ropa entre unos tamariscos sobre un médano. Según reconstruyeron luego los investigadores, dobló su remera negra, su bermuda azul y su buzo de algodón azul. A un costado quedaron sus ojotas negras.
El adolescente ingresó al agua en una zona sin servicio de guardavidas, frente a un conocido complejo hotelero y cerca de un túnel de 150 metros que atraviesa los médanos. El puesto de rescate más cercano estaba a unos 800 metros y esa tarde había poca gente en la playa.
Los últimos minutos
Testigos relataron que el joven, delgado y de 1,75 metros de altura, se mostró curioso y sociable durante sus últimos momentos en la costa. Ayudó a un hombre a ingresar con su kayak al agua y conversó con un pescador para entender cómo se desarrollaba esa actividad.
Fue precisamente otro pescador quien, minutos más tarde, dio la voz de alarma. Se acercó al puesto de guardavidas y avisó que había visto a un joven siendo arrastrado por una canaleta y que le pareció que pedía ayuda.
Eran casi las seis de la tarde.
De inmediato se activó una búsqueda inicial desde la orilla y con una moto de agua, pero no lograron divisarlo. El mar embravecido complicaba las tareas. En cuestión de segundos, el océano puede volverse implacable.
La denuncia que unió las piezas
Pasadas las 21, Eduardo Esclavo, tío abuelo de Jonás, se presentó en el destacamento policial de Reta con una preocupación creciente: “Mi sobrino no volvió”.
Fue entonces cuando los efectivos comenzaron a atar cabos. El joven desaparecido podía ser el mismo que había sido visto horas antes luchando contra la corriente.
Se activó el protocolo para menores desaparecidos y se desplegó un operativo de gran magnitud. Participaron guardavidas, buzos tácticos, bomberos voluntarios, perros entrenados y personal de Prefectura Naval.
Además, según informó el medio local La Voz del Pueblo, vecinos solidarios aportaron un dron y dos aviones para ampliar el radio de búsqueda. La comunidad entera se movilizó ante la angustia de una familia que comenzaba a temer lo peor.
La llegada de la familia
Mientras el operativo se intensificaba, la madre de Jonás, Rocío Verdún Velázquez, de 37 años, viajó desde Moreno hacia la costa. La acompañó su ex pareja y padrastro del adolescente, Fabián Ariel Lizarraga, de 49 años, quien reside en Florencio Varela.
Las horas pasaban sin noticias alentadoras. Cada amanecer renovaba las esperanzas, pero el mar seguía sin devolver respuestas.
El sábado por la mañana, cerca de las 9, se produjo un hallazgo clave: la ropa de Jonás fue encontrada entre los tamariscos donde la había dejado. La familia reconoció de inmediato las prendas cuidadosamente dobladas.
Ese detalle —la ropa intacta y ordenada— confirmó que el joven había ingresado al agua por voluntad propia y que jamás regresó a buscarla.
El hallazgo en alta mar
Dos horas después del hallazgo de la ropa, alrededor de las 11 de la mañana, un pescador que navegaba en lancha divisó un cuerpo flotando a unos dos mil metros mar adentro.
La noticia recorrió la costa en cuestión de minutos. Prefectura se dirigió al lugar y confirmó la peor sospecha: era Jonás.
El cuerpo fue trasladado para la realización de la autopsia en Coronel Dorrego, donde se determinó que la causa de muerte fue ahogamiento, sin signos de violencia externa.
La tragedia quedaba así oficialmente confirmada.
Investigación y actuaciones judiciales
El fiscal Gabriel Lopazzo supervisó las actuaciones. Fuentes judiciales indicaron que no se detectaron indicios de delito y que el hecho fue considerado un accidente.
No obstante, el caso volvió a poner en el centro del debate la seguridad en playas sin cobertura permanente de guardavidas y la importancia de respetar las banderas y advertencias sobre el estado del mar.
Especialistas en rescate acuático remarcan que las canaletas —corrientes que se forman entre bancos de arena— son uno de los mayores riesgos en el Atlántico bonaerense. Pueden arrastrar a una persona mar adentro en cuestión de segundos, incluso si sabe nadar.
Un dolor que une a dos municipios
Mientras la investigación avanzaba, los municipios de Tres Arroyos y Moreno coordinaban el traslado del cuerpo para que la familia pudiera despedirlo.
En redes sociales, vecinos de Reta y de distintas localidades del conurbano bonaerense expresaron su pesar. Mensajes de condolencias, cadenas de oración y palabras de apoyo se multiplicaron en cuestión de horas.
La historia de un adolescente que cumplía el sueño de conocer el mar conmovió a cientos de personas que no lo conocían, pero se sintieron atravesadas por la tragedia.
La advertencia que deja la tragedia
Cada verano, las autoridades insisten en la necesidad de bañarse únicamente en zonas habilitadas y con presencia de guardavidas. Sin embargo, la extensión de las playas y la falsa sensación de seguridad pueden jugar en contra.
En Reta, como en muchos balnearios de menor tamaño, hay sectores amplios sin cobertura permanente. Cuando el mar está movido, el riesgo aumenta exponencialmente.
El caso de Jonás vuelve a poner en evidencia que el océano no perdona distracciones ni excesos de confianza.
Las canaletas, el oleaje posterior a tormentas y la distancia hasta los puestos de rescate son factores que pueden marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
La combinación de mar peligroso y ausencia de vigilancia fue determinante.
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