Arriba, sobre el costado del riel de la montaña rusa, cuelga un viejo auto de Top Race. El viejo Parque de la Ciudad -también conocido como Interama para aquellos que al menos orillan los 50 años- que tuvo dos cierres hasta el definitivo de 2009, revivirá este fin de semana con una carrera. El viejo playón de estacionamiento se reconvirtió en un trazado de 2.780 metros que se completa con un tramo de las avenidas Roca y Escalada para convertir al barrio de Lugano en el Mónaco de las Pampas.

«Corrí dos veces en Mónaco. Obviamente, Mónaco es Mónaco, la Fórmula 1…. pero las condiciones naturales que tiene este circuito, no las tiene Mónaco. No tiene este ancho de 12 metros la pista: los callejeros normalmente nueve, por la medida de las calles. La curva uno de Mónaco que es Sainte-Dévote, tiene esto más chico que vos llegás, frenás y cuando doblas para arriba, para hacerla para subir al Casino, si te pasas te metés adentro», compara con precisión el ex piloto Gabriel Furlán, y ahora asesor deportivo y técnico de la categoría TC2000 y al mando de la camioneta que transporta a Clarín en el flamante circuito callejero.
El callejero de Mónaco tendrá su glamour, pero no las medidas de seguridad y contención, además de curvas más amenas que el de Buenos Aires. Acá, por ejemplo, no hay esquinas para doblar. «Vos te pasás en el Casino y te pegás contra la pared, la entrada al túnel donde se pegó Ayrton (Senna)… todo es guardrail y muro. Esta pista nos permitió este tipo de cosas que realmente le dan una seguridad adicional a lo que normalmente es un callejero», detalla Furlán.
En Buenos Aires hubo dos ediciones de TC 2000 en las calles. El primero en 2012 en las inmediaciones del Obelisco, utilizando la 9 de Julio y Avenida de Mayo con victoria para Mariano Werner y además la carrera con mejor rating en la historia de las transmisiones de automovilismo en el país. La segunda fue un año más tarde en las calles del barrio de Recoleta, con un recorrido por Libertador, Tagle y Figueroa Alcorta. Facundo Ardusso se subió a lo más alto del podio.
Durante el fin de semana correrán Top Race y Fiat Competizione, pero el plato fuerte es el TC 2000. En 2025 la categoría inició la renovación de sus autos e ingresaron a la competencia los SUV, un segmento que predomina en el mercado automotriz con modelos como Toyota Corolla Cross, Honda ZRV, Chevrolet Tracker, VW Nivus y Nissan Kicks. Este año se incorpora Fiat Pulse y existen otros modelos con chances.
Este año, además, Matias Rossi -seis veces campeón de la categoría- seguirá con el Corolla Cross del equipo oficial junto a Emiliano Stang y el debutante Valentín Yankelevich, hijo de la recordada Romina Yan. Franco Vivian es otro de los referentes de la categoría al mando de un Chevrolet Tracker, compañero Franco Morillo y con un Corolla Cross del equipo Corsi Sport estará Gabriel Ponce de León, tres veces campeón en TC2000.
El desarrollo técnico aerodinámico fue diseñado por el ingeniero Gustavo Estrada, un argentino que actualmente es responsable del área aerodinámica de Mercedes AMG en Alemania. Por su velocidad en curva, actualmente los autos de la categoría son los más rápidos del automovilismo argentino.
«En esta parte del circuito van a llegar alrededor de 220 kilómetros por hora. Es un sector claro de sobrepaso que termina en la que es la curva más lenta de la pista: se frena violentamente para tomarla a unos 50Km/h», detalla Furlán y señala la estratégica «área de escape» por las dudas que un auto siga de largo: barreras de neumáticos en lugar de muros.
Furlán corrió hasta el final de la temporada 2011, tras 27 años como piloto e incontables kilómetros recorridos. Se volvió a subir a un auto de carreras hace tres años y notó rápidamente características distintas a las de su época. Ahora comanda la camioneta en el callejero, pero no pisa el acelerador.
La competencia se desarrollará el viernes, sábado y domingo, hay un fan zone dentro, tribunas vips, ultra vips, populares y también gratuitas: el sector de la avenida Roca será de acceso libre y colocaron pantallas led para la transmisión de la carrera y que los espectadores no se pierdan el resto de los tramos. «Esa es la recta larga de la pista: tiene 915 metros, que es un montón, una recta muy larga para un circuito callejero», destaca Furlán.
Desde que el Gobierno de la Ciudad ofreció el predio en septiembre, hubo dos meses de trabajo conjunto entre la categoría y la Comisión Deportiva Automovilística (CDA) del ACA para ajustar las ideas a los requerimientos de la Federación Internacional del Automóvil (FIA). En los últimos dos meses el lugar quedó transformado para albergar la carrera.
«De lo que yo he visto y en Sudamérica, esto está nivel uno. Yo corrí en callejeros de Florianópolis; en Uruguay, tres en Piriápolis y dos en Punta del Este y las dos veces de Mónaco», vuelve a jactarse Furlán, que imagina una carrera «con muchos sobrepasos, algunos roces».
«Las condiciones naturales del circuito deberían generar sobrepasos, sobre todo de la frenada en Roca y Escalada y en la de la curva ‘Pirelli’, porque nosotros ya empezamos a bautizarlo», describe.
El recorrido en camioneta no tiene el vértigo de un auto de carrera -«a 240 kilómetros por hora, la traza se te angosta, se te hace finita», describe- pero el el cambio de asfalto interno con el de la avenida se nota en la suspensión. ¿Y los autos?
«Es parte de la dificultad del equipo que tiene que lograr el ajuste de suspensión que le permita absorber allá, sin perder acá. Por ejemplo, si ponés un auto bien bajito, va más rápido. Pero cuando tome Roca pega abajo y no pasás: tenés que encontrar el compromiso técnico… es un problema de ellos», se divierte Furlán, que propone una vuelta más.
Se va la segunda y en la recta de casi un kilómetro, como si fuese el interés final de la atracción, entonces Furlán ofrece una muestra de lo que va a pasar el fin de semana y por fin acelera. No a fondo, pero lo suficiente para ver qué poco dura la sensación. Casi la misma reflexión que cualquiera pudo hacer, ahí mismo, cuando frenaba el coche de la montaña rusa.
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