A fines de enero de 1976, el ministro de Economía Antonio Cafiero recibió un memorándum confidencial del Banco Central que actualizaba una evaluación sobre las perspectivas complicadas del balance de pagos y exhortaba al gobierno a iniciar negociaciones con el FMI. El ministro envió a Washington al número dos del Central, Eduardo Zalduendo, con la siguiente misión: tenía que entregar personalmente en mano una carta en la que Argentina pedía que el FMI iniciara cuanto antes una auditoría completa de la economía. Cafiero buscaba acelerar los desembolsos de los préstamos otorgados en 1975 por la Oil Facility y la Compensatory Financing Facility, dos líneas del organismo diseñadas para atenuar la volatilidad del precio del petróleo y la caída de las exportaciones argentinas como consecuencia del recrudecimiento del conflicto árabe-israelí a fines de 1975. También buscaba acceder al primer tramo de un préstamo del FMI a la Argentina.

Lo cierto es que por medio de Zalduendo, Cafiero envió esta carta al 1 del FMI, Johannes Witteeven, el 30 de enero. Pero a los tres días, en Buenos Aires Cafiero estaba renunciando y lo reemplazó Emilio Mondelli. Y Zalduendo se enteraba, en Washington, que sería el presidente del Banco Central.
El FMI reseteó la negociación en el instante.
Primero, organizó una misión para fines de febrero a Buenos Aires para discutir el desembolso final y otra en mayo para la auditoría anual.
El Banco Central financiaba el 76,1% de un déficit fiscal que equivalía al 15% del PBI. Según un trabajo de Raúl García Heras, historiador del Instituto Torcuato Di Tella y IIDEP-BAIRES, la misión del FMI antes del golpe de marzo “reconoció con franqueza que la crisis era peor que lo habían anticipado y que el equipo económico carecía del poder necesario para adoptar las medidas que requería el FMI”.
Un memorando del 10 de marzo de 1976 de Jorge Del Canto, director del Departamento del Hemisferio Occidental, al Directorio, señaló los siguientes tres puntos: 1) solo se podía autorizar la utilización del segundo y último tramo de los fondos de la Compensatory Financing Facility como un gesto “de nuestra buena voluntad hacia la Argentina”, 2) no recomendarían al Directorio el desembolso del último tramo de los fondos de la Oil Facility porque el programa que había presentado Cafiero era decepcionante y sus políticas fiscal y de ingresos, muy débiles, y 3) la misión enviada a Buenos Aires en mayo de 1976 para realizar la auditoría anual discutiría el eventual desembolso del primer tramo de los derechos de giro correspondientes a la Argentina en caso de que el país mostrase un plan económico viable con un componente fiscal contundente.
El 11 de marzo, un día después, el FMI le comunicó esto al equipo económico. Además le dijo que la solución para que la Argentina no entrara en default era reprogramar sus deudas (una situación técnica similar enfrentó el equipo económico de Mauricio Macri entre 2018 y 2019 con el FMI presionando para que el país lanzara un canje). Zalduendo se negó.
La misión argentina que había enviado a Washington Antonio Cafiero, y que ya ahora ni siquiera era ministro, había fracasado. Según cálculos de la embajada de EE.UU. en Buenos Aires, las reservas internacionales netas del Banco Central prácticamente se habían agotado y la posibilidad de una moratoria para los pagos era muy alta porque la Argentina debía realizar los que vencían en marzo y abril.
La palabra “default” fue citada en las ediciones Clarín y La Opinión en la semana previa al golpe del 24 de marzo. Mondelli, el ministro de Economía, negaba una cesación de pagos.
Ya en su cargo, el ministro de Economía del gobierno militar, José Alfredo Martínez de Hoz, rechazó una oferta de Del Canto de despachar una misión de asistencia técnica del FMI después del golpe. También declinó una apertura abrupta del comercio y una devaluación para abandonar el cepo y la apreciación cambiaria. Subsistía aún recuerdo del plan de estabilización de Arturo Frondizi que había disparado la tasa de inflación. Se iniciaba así un camino de ensayo y error dentro del equipo económico y el BCRA para bajar la inflación.
El FMI no llevaba adelante una auditoría completa sobre la economía argentina desde 1972. En parte, eso demoró la llegada de inversiones y préstamos de las agencias de exportación. En su lugar, y en su carrera para obtener financiamiento bancario, el gobierno a fines de marzo de 1976 había acumulado deudas adicionales por US$1.260 millones.
La Argentina evitó una crisis de balanza de pagos gracias a lo que el entonces presidente del Banco Mundial, Roberto McNamara, describió como “una monumental operación de financiamiento”. Nueva y más deuda.
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