Conejero Gallego convoca a los formoseños a recuperar valores cristianos frente a los desafíos globales
El obispo diocesano reflexionó sobre la necesidad de frenar el narcotráfico y combatir el relativismo moral, mientras instó a la comunidad católica a asumir un rol más activo en la evangelización.
La mañana del domingo pasado en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen reunió a cientos de formoseños que acudieron a escuchar la homilía de Monseñor José Vicente Conejero Gallego. En un mensaje que trascendió lo meramente litúrgico, el obispo diocesano esbozó un diagnóstico contundente sobre la realidad que atraviesa tanto a la provincia como al mundo entero, conectando las enseñanzas evangélicas con las problemáticas que hoy golpean las puertas de los hogares locales.
El prelado comenzó su reflexión cuestionando las costumbres que rodean los grandes eventos deportivos. Aunque reconoció el valor formativo del deporte como herramienta de fraternidad entre pueblos —tal como lo plantea la intención universal de oración del Papa para este período—, advirtió sobre los excesos que frecuentemente acompañan las celebraciones masivas. Conejero Gallego se refirió específicamente a los ruidos ensordecedores que generan los festejos callejeros, los cuales vulneran el descanso y la tranquilidad de los vecinos, subrayando que incluso la manifestación legítima de la alegría debe responder a principios de moderación y consideración por el prójimo.
Pero el mensaje episcopal no se limitó a asuntos de convivencia vecinal. El obispo abordó de manera directa la necesidad urgente de combatir el narcotráfico que azota la provincia y la región latinoamericana. En un tono que combinó la firmeza pastoral con la preocupación genuina, instó a erradicar esta problemática que corroe el tejido social y atenta contra la dignidad de miles de familias. Paralelamente, Conejero Gallego hizo énfasis en la importancia de fortalecer los valores cristianos como antídoto frente al relativismo moral contemporáneo, que tiende a devaluar los principios éticos y espirituales que históricamente sustentaron la convivencia civilizada.
El obispo situó esta batalla de valores dentro del contexto más amplio de la Iglesia universal. Explicó que la Iglesia Católica global se encuentra en un proceso de transformación hacia un modelo más participativo, conocido como "Iglesia sinodal", donde tanto pastores como laicos asumen responsabilidades compartidas en la misión evangelizadora. Refiriéndose al consistorio extraordinario convocado por el Papa Francisco con cardenales de los cinco continentes, Conejero Gallego destacó que esta iniciativa busca fortalecer la capacidad de escucha de la institución eclesiástica frente a los desafíos contemporáneos: guerras, divisiones sociales, confrontaciones ideológicas y la crisis de sentido que experimenta la modernidad.
En el cierre de su homilía, el obispo formoseño hizo un llamado apasionado a la corresponsabilidad comunitaria. Subrayó que los gozos, los sufrimientos y las esperanzas de otros pueblos —especialmente en América Latina— deben tocar el corazón de los fieles locales. Para Conejero Gallego, la evangelización no es un acto aislado, sino una tarea colectiva que exige testimonio cotidiano, oración constante y compromiso concreto con la construcción del Reino de Dios en medio de contextos marcados por la adversidad. La invitación es clara: formoseños y formoseñas están llamados a ser protagonistas activos en la reconstrucción del tejido moral de la sociedad, priorizando la defensa de la vida, la familia y los valores que dan sentido transcendente a la existencia.



