La paradoja del consumo: récord de gasto privado pero caída en productos de uso diario
Mientras el Gobierno celebra máximos históricos en el consumo general, los argentinos compran menos alimentos y artículos esenciales. Expertos advierten que esta brecha es el principal indicador del deterioro en el humor social.
Existe una grieta creciente en la economía argentina que los números macroeconómicos no alcanzan a reflejar: el consumo privado vuela a máximos históricos, pero la venta de productos de consumo masivo se desmorona mes tras mes. Esta paradoja, que se agudizó durante el segundo semestre de 2024, es la radiografía más fiel de cómo la ciudadanía experimenta la crisis en su vida cotidiana. En las góndolas de almacenes y supermercados, el retroceso es evidente; en los números agregados que el Ejecutivo pregona como logro, la realidad se ve diferente. Es aquí donde reside el conflicto: mientras unos sectores gastan más, millones de familias ajustan cada compra con precisión quirúrgica.
Durante el CtB Summit organizado por la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado, especialistas advirtieron sobre la importancia de este indicador para comprender el comportamiento electoral del país. Osvaldo del Río, titular de la consultora Scentia, fue directo: "El consumo masivo es lo más sensible, es lo que más cambia el humor social de las personas y hay que considerarlo en un período electoral". El consumo masivo representa unos 33.500 millones de dólares, equivalente apenas al 7% del consumo privado total y al 5% del PBI. En comparación, el consumo privado en su conjunto alcanza los 500.000 millones de dólares, divididos entre un 55% en bienes y un 45% en servicios. Esos dígitos relativos desnudan la verdadera magnitud del problema: lo que compra la gente para vivir día a día es una fracción cada vez más pequeña del total.
Los datos son contundentes: en junio de 2024, el consumo masivo cerró 2,7% por debajo del mismo mes del año anterior en términos de volumen, y 17% por debajo de enero de 2023. Esa caída sostenida es lo que explica por qué en los barrios se escucha constantemente que la gente compra menos, que elige productos más económicos, que reduce tamaños de presentación. La única excepción notable es el comercio electrónico, que creció 41% en volumen aunque aún representa apenas el 3% del consumo masivo total. Este crecimiento de plataformas digitales es insuficiente para compensar la retracción en canales tradicionales, lo que explica por qué el gasto real, medido en cantidad de productos, sigue siendo inferior al del ejercicio anterior. Es decir: la economía digital no resuelve el principal problema de la mayoría de los argentinos.
Guillermo Oliveto, CEO de la consultora W, sintetizó de forma lapidaria la situación: "Limitación, restricción, ajuste, recorte; está muy difícil para todos". Aunque parezca contradictorio, el fenómeno de la contracción en consumo masivo alcanza incluso a los sectores de mayores ingresos, quienes históricamente son los últimos en sentir los efectos de las crisis. Lo curioso es que estos estratos sí tienen capacidad adquisitiva, pero la crisis los golpea por otras vías: cambios en gastos de entretenimiento, reducción de personal en sus empresas, menor demanda por servicios premium. La inflación dejó de ser el enemigo número uno en la percepción de los consumidores, pero eso no se tradujo en recuperación del consumo. En cambio, las familias compran menos porque priorizan lo esencial, evalúan cada peso con una racionalidad sin precedentes y evitan gastos discrecionales.
Del Río trazó un paralelismo histórico con el gobierno anterior que resulta inquietante: "2019 fue el peor año y, cuando reaccionó después de las PASO, ya era tarde". El mensaje es claro para quienes gobiernan hoy: el humor social no mejora solo con estabilidad macroeconómica. La consigna que resumió mejor el sentimiento de la calle fue: "La macro todo bien, pero ¿la micro cuándo llega?". El problema principal que identifica la población está directamente vinculado al trabajo y la actividad económica, es decir, a la capacidad de generar ingresos. Mientras el Gobierno apunta sus logros en agregados macroeconómicos y crecimiento de ciertos sectores, la realidad palpable en las mesas de millones de hogares es diferente. Sin recuperación del consumo de productos básicos, sin dinamismo en el empleo y sin mejora en los ingresos reales, la estabilidad anunciada seguirá siendo ajena a la experiencia cotidiana de la mayoría.



