Durante años, un robo avanzó en silencio adentro de una planta automotriz sin dejar un faltante “escandaloso” de un día para el otro. El golpe recién se hizo visible cuando una revisión interna detectó una discrepancia grande: faltaban 1.000 motores (1.008, más precisamente) con un valor estimado de US$ 2,3 millones de dólares (unos 2 millones de euros).

La escena llama la atención por el contraste. Por un lado, una fábrica con producción sostenida y controles formales. Por el otro, una salida repetida de unidades completas —no piezas chicas— que, según la investigación, se sostuvo durante un período prolongado.
En el centro del caso aparecen dos nombres y un mecanismo que no depende de un “descuido” aislado. La hipótesis policial habla de acceso interno, documentos adulterados y logística armada para mover motores fuera del predio como si fueran cargas normales.
El caso se ubica en la planta de Kia India en Penukonda, en el estado de Andhra Pradesh. La investigación se activó luego de que la empresa presentara una denuncia tras detectar faltantes en sus registros y movimientos no autorizados en cámaras de seguridad.
La cifra final, siempre según la documentación policial vista por Reuters, fue creciendo con el avance de las verificaciones: primero se habló de unos 940 y luego se confirmó el número 1.008. Ese salto también alimenta la idea de un esquema extendido, no de una salida puntual.
El punto que vuelve “insólito” el episodio es el tipo de objeto ya que un motor completo no se oculta de manera fácil. Justamente por eso, el expediente describe un procedimiento que necesitaba cubrir cada paso, desde la salida del predio, la papelería, el transporte y el destino final.
Cómo se habría armado el esquema: facturas falsas, pases y camiones “truchos”
El método que figura en el documento policial se apoya en una idea sencilla: que los motores salieran como si fueran movimientos normales. Para eso, se menciona el uso de facturas falsificadas y pases de entrada y salida manipulados, además de camiones con matrículas alteradas o “pseudo” registros.
En el expediente aparece una frase que resume la lógica: “transacciones ilegales reiteradas” y rotación de vehículos para no repetir huellas obvias. No es el golpe de una noche; es un circuito que se vuelve rutina hasta que alguien lo corta.
La ruta del material, según el mismo documento, no se quedaba cerca. Parte de las ventas ilegales habría ocurrido con compradores a miles de kilómetros, incluso en Nueva Delhi, lo que explica la necesidad de una red logística y de reventa.
Dos exempleados y más apoyos: quiénes aparecen como sospechosos
Los principales acusados señalados en el expediente son Vinayagamoorthy Veluchamy, exjefe de sección en el área de despacho de motores, y Patan Saleem, exlíder de equipo. Uno estaba detenido y el otro figuraba como no localizable al momento del reporte.
El texto también marca que no se trataría de una operación “de a dos”. Se menciona colaboración de otras personas para gestionar transportes y la participación de chatarreros para facilitar la colocación del material en el circuito informal.
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