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Nacional 📅 12 Jul. 2026

El envejecimiento poblacional no frena el crecimiento económico, revela estudio

A contramano de lo que se creía, investigaciones muestran que países con menos nacimientos y población más vieja registran mayor PBI por habitante. La tecnología sería la clave.

El envejecimiento poblacional no frena el crecimiento económico, revela estudio

Durante décadas, economistas y políticos han advertido sobre un futuro sombrío: poblaciones envejecidas y menos numerosas terminarían estrangulando el desarrollo económico de las naciones. Sin embargo, un reciente estudio internacional viene a cuestionar esa creencia ampliamente difundida. Los datos son contundentes: a pesar de que la tasa de natalidad mundial ha caído sistemáticamente en los últimos siete décadas, el producto bruto interno por persona ha continuado aumentando. Esta investigación, coordinada nada menos que por Daron Acemoglu, ganador del Premio Nobel de Economía en 2024, sugiere que el envejecimiento demográfico no es necesariamente una sentencia de muerte para la economía.

Los números hablan por sí solos. Desde 1950 hasta la actualidad, la cantidad de nacimientos por cada 100 habitantes se desplomó de 3,78 a apenas 1,71 en 2025. Se trata de una caída sostenida y sin precedentes en la historia moderna. Lo llamativo es que esta contracción demográfica no vino acompañada de una reducción en la riqueza por habitante. Por el contrario, cada punto de disminución en la tasa de natalidad se correlacionó con un incremento del 26,8% en el PBI por trabajador. Esta paradoja desafía la lógica convencional que plantea que menos gente equivale a menos producción.

La tecnología como factor compensador

¿Cómo es posible que economías prosperen con menos trabajadores? La respuesta, según Acemoglu y su equipo, radica en la adopción masiva de tecnología. Cuando la mano de obra escasea, tanto las empresas como los empleados se ven incentivados a innovar e invertir en herramientas que optimicen la productividad. En lugar de resignarse a tener menos brazos para trabajar, los negocios buscan hacer más con menos gente a través de automatización, digitalización y mejora de procesos. Este fenómeno se replica en diferentes continentes, evidenciando que no se trata de un caso aislado sino de una tendencia global.

En Argentina, la realidad no es muy diferente a la del resto del mundo. Según una investigación del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad Argentina de la Empresa, la actitud de los argentinos frente a la vejez y el trabajo está cambiando. Un dato relevante: siete de cada diez encuestados aseguran que seguirán activos laboralmente. De ese grupo, el 44% planea hacerlo de forma parcial, el 27% a tiempo completo, y solo el 26% piensa dejar de trabajar. Estos números sugieren que la población envejecida no desaparece del mercado laboral, sino que se adapta, tomando empleos con diferentes grados de dedicación. Esto abre una puerta importante: la extensión de la vida laboral activa como factor de sostenibilidad económica.

Sin embargo, el panorama local no es del todo rosado. El 86% de los argentinos consultados reconoce que existe discriminación contra los adultos mayores en la búsqueda de empleo. Esta barrera artificial limita el potencial productivo de quienes desean continuar trabajando, y puede desalentar la participación de los mayores en el mercado laboral. Paralelamente, el 56% de la población expresa preocupación por las consecuencias del envejecimiento demográfico en jubilaciones y servicios de salud, con inquietud mayor entre los hombres de 50 años en adelante. Lo curioso es que esa preocupación disminuye entre los jóvenes, quizás porque se sienten más distantes del problema.

El contexto sugiere que Argentina está frente a una encrucijada. Los estudios internacionales demuestran que el envejecimiento poblacional no es un destino económico inexorable si se acompañan las transformaciones demográficas con inversión en tecnología y políticas laborales inclusivas. La clave está en derribar prejuicios contra los trabajadores mayores y crear condiciones para que participen activamente en la economía. Mientras el mundo se reorganiza para enfrentar estos cambios, el desafío local consiste en pasar de la preocupación al diseño de estrategias concretas que conviertan el envejecimiento en una oportunidad, no en una amenaza.

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