La paradoja económica: fortaleza financiera vs. debilidad en la calle
Mientras los mercados celebran superávit comercial y colocación de deuda, el consumo se paraliza, los salarios pierden poder y la industria sigue en rojo. Un desacople preocupante que divide a la economía argentina.
La economía argentina exhibe estos días un comportamiento esquizofrénico que tiene a los analistas de la city divididos entre la cautela y la preocupación. Por un lado, los indicadores externos lucen robustos: la balanza comercial volvió a arrojar números positivos en junio y desde Neuquén avanzan con colocaciones de deuda internacional impulsadas por Vaca Muerta. Pero del otro lado de la moneda, la realidad que viven los argentinos es bien distinta: el consumo está congelado, los salarios siguen perdiendo capacidad de compra y el sector industrial continúa en territorio negativo. Es lo que los operadores financieros denominan un "desacople", y marca la agenda de preocupaciones para las próximas semanas.
Los números que llegaron esta última semana pintan un cuadro desalentador sobre la situación de la economía real. El Indicador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de mayo mostró la segunda caída consecutiva, dando a entender que el rebote no llega. Los datos preliminares de junio, en tanto, confirman que prácticamente todos los indicadores están en zona roja. Desde distintos centros de análisis coinciden en que resultará difícil esperar que en el corto plazo sectores dinámicos como minería, petróleo, gas y agricultura logren traccionarse lo suficiente como para impulsar al resto de la economía. El problema es que esos rubros, aunque prosperen, operan desconectados del comercio minorista y del mercado interno en general.
En el frente del consumidor, las señales son aún más desmoralizantes. El Índice de Confianza del Consumidor retrocedió 4,8% durante julio comparado con junio, revirtiendo los avances que se habían registrado en los dos meses anteriores. Las ventas en supermercados apenas crecieron 0,9% en mayo respecto del mes previo, pero cayeron 0,7% si las miramos en términos anuales. Se trata de un consumidor agobiado, que sostiene lo mínimo indispensable pero que no vuelve a gastar en cosas que no sean esenciales. Ese comportamiento de compra defensivo es la mejor prueba de que el bolsillo de las familias sigue contraído y que la confianza no termina de regresar.
El mercado de trabajo también envía alertas amarillas. Después de un buen desempeño en abril, cuando los salarios privados registrados subieron 1,4% en términos reales, el desempeño se estancó en mayo con una variación de apenas -0,1% real. Junio parece seguir la misma tendencia decepcionante. Aunque la inflación bajó, los acuerdos paritarios que se han cerrado hasta ahora no apuntan a recuperar lo que se perdió desde finales del año pasado, sino apenas a mantener el equilibrio mes a mes. Es decir, los trabajadores no avanzan: simplemente no retroceden tanto como antes.
Del lado positivo del balance, el frente externo sigue brillando. La balanza comercial cerró junio con un superávit de 2.194 millones de dólares, cifra que aunque es menor a la de mayo —que fue récord—, sigue siendo muy superior a la de junio del año anterior. En el semestre acumulado, el superávit alcanza los 13.923 millones de dólares, casi cinco veces más que los 2.762 millones del mismo período de 2023. En los últimos doce meses, el superávit comercial trepa a 22.482 millones de dólares. El sector energético ha sido clave en esta ecuación, aportando 612 millones de dólares en exportaciones que crecieron 31% interanual, lo que demuestra la resiliencia de Vaca Muerta incluso frente a la mayor demanda de invierno.
Los analistas advierten que para que este desacople no se prolongue indefinidamente será fundamental monitorear varios factores clave. La estabilidad del régimen cambiario y la evolución del tipo de cambio real seguirán siendo determinantes para que los sectores ligados al mercado interno logren recuperarse. Además, la trayectoria de las tasas de interés reales y la disponibilidad de crédito serán fundamentales para que los ingresos reales se recompongan y la demanda vuelva a tomar impulso. Por ahora, esa recuperación brilla por su ausencia, dejando una economía partida en dos: una que vende afuera y otra que no consume adentro.



