La industria manufacturera se desmorona: pierde un tercio del empleo formal
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el sector fabril explicó más del 35% de los puestos de trabajo privados eliminados. Especialistas advierten por la "extrema fragilidad" del aparato productivo nacional.
La industria manufacturera argentina está atravesando una crisis sin precedentes. Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde noviembre de 2023 hasta mayo de este año, el sector fue responsable de la pérdida de casi 86 mil empleos formales registrados, lo que representa el 35,5% de todos los puestos de trabajo privados eliminados en ese período. En números absolutos, durante esos diecinueve meses se desvanecieron más de 241 mil empleos asalariados privados en todo el país, consolidando un panorama económico cada vez más sombrío para el mercado laboral formal.
El deterioro del sector fabril no es un fenómeno aislado sino parte de una crisis más profunda que aqueja a toda la economía argentina. A la pérdida masiva de empleos se suma un cierre acelerado de empresas: datos del Monitor Mensual de Empresas de Fundar indican que en mayo desaparecieron 2.371 firmas respecto a abril, y desde noviembre de 2023 se perdieron más de 30.600 establecimientos, representando una caída cercana al 6% del total de empresas activas. Este fenómeno refleja no solo la fragilidad coyuntural sino también problemas estructurales profundos que vienen atravesando a la industria nacional.
Los economistas Bernardo Kosacoff y Diego Coatz, en un análisis publicado por el Boletín Informativo Techint, describieron la situación industrial con términos alarmantes: "extrema fragilidad". Según su diagnóstico, el sector arrastra dificultades que exceden ampliamente la situación económica actual. Los datos corroboran esta evaluación pesimista: si se toma como referencia el pico máximo de empleados industriales registrado en agosto de 2023, la pérdida acumulada asciende a 89.667 trabajadores, equivalente a una caída del 7,5%. Las ramas más golpeadas fueron textiles, confecciones, cuero y calzado, con una brutal reducción del 23% (28.088 puestos), seguida por metalmecánica con casi 21.400 empleos menos y una contracción del 9%.
La construcción, otro pilar tradicional de la economía, también fue severamente castigada. Con 62.747 trabajadores menos en el mismo período, el sector quedó como el segundo más afectado por la crisis laboral. Juntos, industria y construcción explicaron el 61,5% de la pérdida total de empleo privado formal, evidenciando que la crisis se concentra principalmente en dos segmentos clave para la economía nacional. Otras ramas como automotores, neumáticos, madera, papel e impresión también sufrieron mermas significativas, aunque alimentos y tabaco mostró mayor resistencia con apenas 856 puestos perdidos, apenas el 0,2% de reducción.
Kosacoff y Coatz ofrecen una interpretación que va más allá de los números: plantean la coexistencia de "tres Argentinas" dentro del sector productivo. Una primera caracterizada por empresas modernas, competitivas e integradas en mercados externos; una segunda conformada por un amplio tejido de establecimientos orientados al consumo interno que poseen capacidades acumuladas pero enfrentan serios problemas de productividad; y una tercera compuesta por unidades de baja productividad e informalidad elevada. Según estos análisis, el deterioro no es reciente: entre 2011 y 2025, el PBI industrial por habitante cayó nada menos que 28%, y a pesar del crecimiento demográfico de más del 15%, el sector no generó empleo formal adicional durante esos catorce años.
La crisis industrial refleja un escenario económico más complejo donde convergen bajo consumo, caída de inversiones, presiones inflacionarias y creciente informalidad laboral. La pérdida acumulada de empleados registrados sugiere que muchos trabajadores migraron hacia la economía informal, profundizando la vulnerabilidad del mercado laboral. Con estas tendencias, la recuperación del sector demandará no solo políticas coyunturales sino transformaciones estructurales que aborden los déficits de productividad y competitividad que, según los especialistas, vienen lastimando a la industria argentina hace más de una década.



