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Nacional 📅 23 Ago. 2026

Milei aprieta la brújula fiscal mientras inversores piden flexibilizar el gasto

En encuentros con grandes capitalistas, el Gobierno sostiene su modelo de austeridad extrema, pero los empresarios advierten sobre los riesgos de una economía que crece desigualmente y castiga el empleo industrial.

Milei aprieta la brújula fiscal mientras inversores piden flexibilizar el gasto

Un fondo de inversión internacional hizo una pregunta incómoda en los pasillos del Palacio de Hacienda que puso en jaque a los funcionarios de Economía. ¿Por qué el Gobierno no aumenta el gasto social? La consulta sintetiza la creciente tensión entre la ortodoxia fiscal de Javier Milei y la preocupación de los inversores globales que apuestan a la Argentina. Mientras el Presidente acelera su operativo de cara a 2027, debe navegar una realidad incómoda: la receta que prometía estabilidad genera ganadores y perdedores, y los perdedores empiezan a hacer ruido en las urnas.

La perplejidad de los hombres de negocios internacionales es comprensible cuando se analiza en perspectiva comparada. Estados Unidos cierra con un déficit fiscal superior al 7% del PBI, la Unión Europea ronda el 3% y hasta Japón, referente mundial de disciplina presupuestaria, va a presentar números rojos. Argentina, en tanto, aprieta cada tornillo disponible en busca del equilibrio de cuentas. Para los inversores que conocen estos números, la pregunta obvia es: ¿por qué tanta rigidez en un contexto internacional donde casi ninguno hace lo mismo?

El dilema que enfrentan los funcionarios es más complejo aún cuando se analiza la estructura productiva del país. El modelo Milei premia a sectores que generan pocos empleos: agroindustria, minería, energía. Mientras tanto, castiga a los rubros que concentran la mano de obra: industria manufacturera y comercio. Esta economía de dos velocidades, donde unos sectores florecen mientras otros se desangran, comienza a teñir el clima político de manera peligrosa. Los analistas coinciden en que el calendario electoral se adelantó demasiado para un proceso que requería, según el diagnóstico oficial, más tiempo de maduración.

Frente a estas críticas, Milei salió nuevamente a defender su posición en encuentros de alto nivel. El jueves pasado se presentó ante el Council of the Americas en el Alvear de Recoleta, y al día siguiente en la Bolsa de Rosario. Su mensaje fue consistente: el proceso de estabilización lleva más tiempo del previsto, pero la promesa es clara. Sin inflación, con las cuentas equilibradas y con dólares frescos fluyendo por exportaciones récord, llegará la fase de crecimiento. El matiz importante: ese momento de expansión económica no ocurriría durante su mandato, sino ya en la próxima administración. Los empresarios escuchaban con escepticismo. "Respaldamos el modelo, pero los datos son los datos", murmuraba un influyente empresario en los pasillos del hotel.

Los industriales que circulaban por esos mismos espacios mantenían un diagnóstico más pesimista. Reconocen que existe diálogo fluido con el ministro de Economía Luis Caputo, pero lamentan la desconexión con la esfera política de La Libertad Avanza. Lo que los desvela no es solo la caída del consumo interno, sino una trampa lógica que los atrapa: menos demanda genera menos recaudación. Y menos ingresos tributarios obliga al Gobierno a profundizar los ajustes en lugar de ceder en la presión impositiva que sofoca a las industrias locales. La motosierra se mantiene encendida por necesidad, no por convicción.

El ejemplo que circuló en los pasillos fue ilustrativo: mientras ingresan automóviles chinos sin aranceles, modelos como el Fiat Cronos o el Peugeot 208 —fabricados en Argentina— cargan con el peso tributario completo. "No tenemos problemas en competir, estamos preparados, pero bajo las mismas condiciones que los importados", reclamaba un directivo de multinacional. La ironía es que Milei respondió exactamente sobre eso cuando tomó la palabra. Con tono desafiante, lanzó a los industriales: "Si quieren vender la misma remera que hacen los chinos cinco o diez veces más cara, tenemos un problema. ¿Lo entendemos?". El mensaje era claro: no hay espacio para proteccionismo en este modelo.

La paradoja que atraviesa este momento es profunda. El Gobierno mantiene su rumbo con la convicción de quien cree tener la verdad histórica, pero cada dato que emerge del mercado real genera más tensiones. Los inversores internacionales entienden la lógica de la austeridad, pero cuestionan su magnitud. Los empresarios locales apoyan la búsqueda de estabilidad, pero sienten que pagan un precio desproporcionado. Y la población, especialmente aquella empleada en sectores que pierden peso en la economía, comienza a expresar su malestar en las encuestas. Milei ya está en modo campaña anticipada para 2027, pero debe resolver primero la contradicción de una economía que crece en algunos lugares mientras se contrae en otros. Los inversores, al menos, seguirán apostando mientras el Presidente mantenga la brújula fiscal. Pero el reloj corre.

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