Mayo promete recuperación económica, pero la demanda interna sigue preocupando
Los primeros datos de actividad económica de mayo señalan un rebote respecto a abril, impulsado por el agro, la energía y la construcción. Sin embargo, persisten señales de alerta sobre el consumo y el crédito a familias.
La economía argentina continúa mostrando ese patrón de "montaña rusa" que ha caracterizado los últimos meses. Después de la caída que registró en abril, los indicadores adelantados para mayo sugieren que habrá un nuevo repunte, aunque los números siguen reflejando una realidad fragmentada: mientras que ciertos sectores despegan con fuerza, otros permanecen estancados o directamente se contraen. Este movimiento de sube y baja, sin una tendencia clara hacia la recuperación sostenida, sigue siendo la marca registrada de la actividad económica nacional.
Según las estimaciones de las principales consultoras especializadas, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) habría crecido alrededor del 0,5% a 0,8% en mayo respecto al mes anterior. Este rebote llega después de que en abril se registrara una caída del 1,5%, cifra que resultó más profunda de lo que el mercado había anticipado. Los analistas de EcoGo proyectaron un incremento del 0,8%, mientras que Equilibra estimó un aumento del 0,5%, diferencias mínimas que de todas formas coinciden en la dirección: hacia arriba. Lo relevante es que esta recuperación estaría motorizada principalmente por sectores específicos, generando una economía cada vez más "a dos velocidades".
El agro es el verdadero protagonista de esta recuperación incipiente. La cosecha de soja avanzó significativamente en mayo, alcanzando el 75% de la superficie a cosechar, el mayor porcentaje registrado para un mes de mayo en los últimos años. Este fenómeno se debe a que los retrasos por lluvia que caracterizaron abril finalmente se revirtieron, permitiendo que las máquinas volvieran a los campos. Paralelamente, la producción de carne vacuna, porcina y láctea también mostró recuperación mensual. El sector energético fue otro de los grandes impulsores, con proyecciones de crecimiento cercanas al 8,8%, mientras que la construcción también aportó números positivos con una expansión estimada del 2,8%. En términos interanuales, el agro explicaría prácticamente todo el crecimiento de la economía.
Sin embargo, este panorama de rebote sectorial tiene un reverso preocupante que no puede ignorarse. La demanda interna permanece débil, y los indicadores que la miden envían señales de alerta persistentes. El crédito al sector privado se contrajo un 0,2%, las importaciones de bienes cayeron un 2,5% y el patentamiento de vehículos disminuyó otro 2,4%. En el sector servicios, que concentra una parte importante del empleo, apenas se registró un avance marginal del 0,3%, con el comercio minorista mostrando signos de retracción. El consumo de bienes durables continúa deprimido, reflejando el deterioro del poder adquisitivo de las familias y la persistente desconfianza que caracteriza al consumidor argentino.
Los datos adelantados recopilados por consultoras independientes profundizan esta sensación de economía compartimentalizada. Mientras que la molienda de soja creció un 9%, los despachos de cemento un 7,4% y la producción de carne vacuna un 4,1%, en el otro extremo las ventas de vehículos a concesionarios cayeron un 8%, las exportaciones automotrices se contrajeron un 5,6% y la recaudación tributaria también mostró debilidad. Esta disparidad refleja una realidad incómoda: los sectores vinculados a la exportación y los recursos naturales encuentran oxígeno en un contexto global favorable, mientras que aquellos que dependen del consumo interno siguen ahogándose.
Desde febrero del presente año se observa un patrón recurrente que preocupa a economistas y analistas: en 15 meses, se han registrado caídas en 7 de ellos. Aunque existe una leve tendencia alcista impulsada por minería, energía e industria agropecuaria, el resto de los sectores aún no logra acompañar ese movimiento. Esta situación genera un escenario económico vulnerable donde el repunte de mayo, si bien es bienvenido, no alcanza para generar optimismo genuino sobre una recuperación que sea tanto inclusiva como sostenida en el tiempo. La pregunta que persiste en la mente de inversores, empresarios y funcionarios es si estos rebotes puntuales lograrán eventualmente contagiar al resto de la economía, o si continuaremos viendo este patrón de sectores ganadores mientras el consumo interno sigue deprimido.



