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Formosa 📅 26 Jul. 2026

Monseñor Conejero convoca a valorar a los mayores como tesoro espiritual

En la Catedral formoseña, el obispo celebró la Jornada Mundial de los Abuelos y reflexionó sobre el rol fundamental de las personas mayores en la fe y la transmisión de valores en la sociedad contemporánea.

Monseñor Conejero convoca a valorar a los mayores como tesoro espiritual

La Catedral de Formosa se transformó el domingo pasado en un espacio de encuentro intergeneracional cuando Monseñor José Vicente Conejero Gallego presidió la misa correspondiente al decimoséptimo domingo del Tiempo Ordinario. Con las naves del templo principal repletas de fieles, la celebración adquirió una significación especial al coincidir con la conmemoración de San Joaquín y Santa Ana —padres de la Virgen María—, fecha que la Iglesia universal ha establecido para honrar a los abuelos y personas mayores en esta Sexta Jornada Mundial dedicada a ellos.

Desde el inicio de su homilía, el obispo diocesano observó con calidez que la mayoría de los presentes en la asamblea correspondía a adultos mayores, quienes constituyen la columna vertebral de la comunidad parroquial. Con un tono paternal, Conejero envió un saludo particular a todos los abuelos presentes y a quienes seguían la transmisión pastoral, estableciendo así un puente emocional con las generaciones más longevas. Esta iniciativa, promovida por el Papa Francisco hace seis años, busca que la Iglesia global dirija su gratitud y compromiso pastoral hacia quienes han forjado las sociedades actuales a través de sus sacrificios y legados.

El prelado formoseño no eludió una crítica necesaria sobre cómo la sociedad contemporánea desatiende a los mayores. Señaló con realismo que en muchos hogares los abuelos son percibidos como una carga, mientras que otros familiares aprovechan su disponibilidad únicamente para que cuiden a los nietos, sin brindarles el reconocimiento y la atención que merecen. Conejero enfatizó la importancia de que hijos y nietos cultiven la escucha genuina, la visita frecuente y la compañía, evitando que estos adultos mayores experimenten la soledad que aqueja a tantos en una época marcada por la fragmentación de los vínculos familiares. Su mensaje resonó como un llamado urgente a recuperar valores de respeto y solidaridad intergeneracional.

En un aspecto fundamental de su reflexión, el obispo subraya el rol espiritual insustituible que cumplen las personas mayores para la comunidad. Destacó que el Santo Padre reconoce constantemente cómo se siente fortalecido en su ministerio por las oraciones continuas de los abuelos, particularmente a través de la práctica devota del Santo Rosario. Estos actos de intercesión, explicó Conejero, constituyen un baluarte espiritual frente a un mundo turbado por la violencia, la comercialización de las relaciones humanas y el egoísmo desenfrenado. Los mayores, entonces, no son pasivos sino agentes activos de transformación espiritual, cuya fe sostenida genera efectos trascendentales para toda la sociedad.

Profundizando en la Liturgia de la Palabra, el obispo abordó el relato del Primer Libro de los Reyes, donde el joven Salomón sucede a David y Betsabé en el trono. Conejero destacó la madurez espiritual del nuevo monarca al rechazar las ofertas divinas de riqueza, longevidad o venganza contra sus enemigos, optando en cambio por pedir sabiduría y un corazón capaz de discernimiento. Sin embargo, el pastor diocesano utilizó también el trágico desenlace de la vida de Salomón como una lección pedagógica sobre la necesidad de mantener la consistencia espiritual a lo largo de toda la existencia. Este mensaje resonó especialmente con los presentes: la vejez no es un punto de llegada donde descansar la fe, sino una etapa donde la perseverancia espiritual cobra aún mayor significado.

La celebración concluyó como un recordatorio potente de que los abuelos y personas mayores poseen un tesoro invaluable: la experiencia de una vida vivida en fe, la memoria de tiempos difíciles superados por la gracia divina, y la sabiduría que solo otorga el paso de los años. Monseñor Conejero invitó a la comunidad formoseña a reconocer en los mayores no cargas del sistema, sino portadores de una riqueza espiritual capaz de renovar el compromiso de cada generación con los valores que trascienden la materialidad de la existencia cotidiana.

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