Ruta 9: el camino intransitable que aísla al interior formoseño
Las lluvias persistentes volvieron a exponer el colapso de la infraestructura vial provincial. Una concejal quedó atrapada en el barro y denuncia que los arreglos son solo parches que no resuelven nada.
Los últimos meses de precipitaciones constantes en Formosa volvieron a poner sobre la mesa una discusión que parece no tener fin: el estado deplorable de los caminos rurales que conectan los pueblos del interior provincial. Las imágenes que circularon por redes sociales esta semana muestran la cruda realidad que viven a diario los habitantes de la región sudeste: vehículos atrapados en el barro, baches profundos que hacen imposible la circulación y una ruta que prácticamente ha desaparecido bajo capas de lodo. No se trata de una problemática nueva, pero las falencias estructurales que caracterizan a la infraestructura vial formoseña siguen sin solución definitiva.
El video que generó polémica fue registrado en la Ruta Provincial Nº 9, a la altura del acceso a Bañadero, y su protagonista involuntaria fue nada menos que Jesica González, concejal de la Unión Cívica Radical en Villa 213. Durante una entrevista radial en el programa "Algo Está Pasando" de FM VLU 88.5, González relató los detalles de cómo su propio vehículo terminó empantanado mientras se dirigía a una ceremonia religiosa hace algunas semanas. Contó que la lluvia sorprendió a los pasajeros cuando ya circulaban por la ruta y que la decisión de volver fue lo más prudente ante la imposibilidad de seguir avanzando. Lo que pudo haber sido un episodio aislado se convirtió en símbolo de un problema que trasciende lo anecdótico: la incapacidad del estado provincial para mantener en condiciones mínimas de transitabilidad los corredores que comunican a las localidades rurales.
Según denunció la edil, las respuestas oficiales de Vialidad Provincial han sido insuficientes y superficiales. Tras los reclamos de vecinos y docentes, lo único que se hizo fue un perfilado provisional de las banquinas, un arreglo que González calificó con ironía como "cosmético". El problema es evidente: cuando llueve, desviarse para esquivar un bache significa meterse directo en el barro y quedarse varado. La situación es tan grave que en algunos sectores el asfalto original prácticamente ha desaparecido, dejando al descubierto un terreno tan erosionado que, según la descripción de la concejal, ya brotan arbustos y plantitas en los cráteres del camino. Esta imagen desoladora representa no solo el abandono infraestructural, sino también la desatención política hacia comunidades que merecen acceso garantizado a servicios básicos.
El impacto de esta realidad vial trasciende lo meramente logístico: la educación rural está siendo seriamente afectada. Los docentes no pueden llegar a las escuelas los días de lluvia, lo que genera pérdidas constantes de jornadas laborales y afecta el calendario escolar. Pero hay un caso aún más crítico: los alumnos de la Escuela de Familia Agrícola ubicada en el kilómetro 210 deben transitar diariamente por esta ruta intransitable porque el albergue escolar lleva más de cinco años en refacción sin que las obras se concluyan. Esto significa que cada día de precipitación, estudiantes de la región deben afrontar riesgos innecesarios para acceder a su educación. La promesa de finalizar esas obras se ha convertido en una deuda pendiente que muestra la fragilidad de la planificación estatal en materia de infraestructura educativa rural.
Lo preocupante es que el deterioro no se limita a la Ruta 9. González denunció que otros tramos provinciales muestran el mismo cuadro de abandono presupuestario: los caminos que conectan El Colorado con Pirané, las rutas hacia Mayor Villafañe, La Hiedra y los accesos a la capital provincial presentan problemas similares. Se trata de un patrón sistémico de desatención que refleja políticas de priorización que dejan al margen al interior rural. La solución, según la concejal, requiere de una articulación urgente entre municipios, delegados zonales y el Poder Ejecutivo provincial para implementar un plan integral de mantenimiento y mejora vial. Sin esa coordinación y sin presupuesto real destinado a estas obras, los habitantes del interior seguirán viviendo aislados, con docentes que faltan a sus puestos de trabajo, estudiantes en riesgo y familias cuyas rutinas se ven interrumpidas por cada tormenta que cae sobre la provincia. La infraestructura vial no es un lujo: es un derecho que debe garantizarse a todos los formoseños, sin importar dónde vivan.



