SanCor, una de las marcas más emblemáticas de la industria láctea argentina, nació en 1938 a partir de la fusión de cooperativas tamberas de Santa Fe y Córdoba. Su corazón estuvo siempre en Sunchales, en el corazón de la llamada «pampa gringa», una de las mayores cuencas lecheras del mundo. En su apogeo, SanCor llegó a procesar hasta 4 millones de litros de leche por día, consolidándose como la mayor empresa láctea de América Latina.

La caída de SanCor, prolongada y en gran medida prevenible, tuvo responsabilidades compartidas. Un punto de comparación frecuente fue la cooperativa neozelandesa Fonterra, fundada en 1920, que actualmente es el mayor exportador mundial de leche, el cuarto productor a nivel global y cuenta con 12.000 granjeros asociados.
Durante sus primeros años, SanCor creció en un contexto argentino que, a pesar de las caídas recientes, mantiene un consumo anual de leche de 187 litros por habitante, cifra superior en América Latina aunque algo inferior a los 200 litros de Uruguay. La empresa construyó una marca sólida gracias a las recetas exclusivas de sus maestros queseros y productos tradicionales como el dulce de leche y la manteca. Además, lanzó innovaciones como Mendicrim, que revolucionó las dietas, y desarrolló leches infantiles, un avance tecnológico significativo. Su presencia fue especialmente crucial en el interior del país, con 16 plantas distribuidas principalmente en Córdoba y Santa Fe, muchas de ellas ubicadas en pueblos que dependían económicamente de la cooperativa.
SanCor también tuvo un papel relevante como exportadora en la región, incluso con un trato especial durante el gobierno de Néstor Kirchner, que le permitió exportar a precio pleno a Venezuela, un mercado donde finalmente se acumuló una deuda impaga de 39 millones de dólares que impactó gravemente en su economía.
En el sector circulan críticas a la gestión de la cooperativa, caracterizada por cambios frecuentes de presidencia y la intervención de consejeros con fuerte influencia política, quienes impulsaban la construcción de plantas muchas veces ineficientes. Fuentes internas señalaron que en los últimos años se perdió la gestión profesional y la mirada comercial, además de denunciar la existencia de “kioscos” gerenciales, ejemplificados en el reciente acuerdo para que una pyme de Rojas utilice la marca SanCor en la leche.
A estas dificultades se sumó la presión sindical de Atilra, el gremio que representa a los empleados lácteos, cuyo dirigente Eitin Ponce protagonizó conflictos, entre ellos uno en la planta de Devoto, Córdoba, que estaba alquilada a la empresa Elcor, la cual decidió abandonar la producción.
Como resultado, SanCor se fue desmembrando. El gigante Adecoagro, propiedad del grupo vinculado a la criptomoneda Tether, adquirió la planta de Morteros en Córdoba, líder en quesos, leche en polvo y proteínas, y la de Chivilcoy, Buenos Aires, dedicada a leche fresca y yogures. También se hizo con la marca comercial Las Tres Niñas.
En 2017, el gobierno de Mauricio Macri intentó rescatar la cooperativa con un desembolso de 450 millones de dólares, pero no logró que SanCor se recuperara. La confianza de los tamberos se perdió definitivamente y comenzó un abandono progresivo en la entrega de materia prima, lo que favoreció la expansión de competidores en su lugar.
Actualmente, la cooperativa no realiza inversiones y muchas de sus líneas de producción presentan obsolescencia tecnológica. Sin embargo, conserva activos destacados, como la planta de quesos duros en La Carlota, una de las pocas habilitadas para exportar a Estados Unidos, aunque hoy permanece sin actividad.
Adecoagro aparece como el principal candidato para asumir el control de lo que queda de la cooperativa. Esta empresa es líder en producción local de leche, arroz y granos, con una operación integrada desde el desarrollo de semillas y fue fundada por el ingeniero Mariano Bosch. Los pasivos acumulados por SanCor, entre deudas con el personal, los tamberos y la empresa ARCA, suman alrededor de 120 millones de dólares.
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