Inseguridad sin freno en la zona norte: comerciantes exigen patrullaje permanente
La zona norte de Formosa vive una crisis de seguridad. Comerciantes denuncian una ola de robos sistemáticos e impunidad, mientras exigen mayor presencia policial y respuestas judiciales efectivas.
La zona norte de Formosa está viviendo días de tensión y angustia. Los comerciantes locales denuncian una escalada delictiva que parece no tener límites, con robos cada vez más frecuentes que afectan directamente el bolsillo de quienes invierten sus ahorros en mantener un negocio a flote. La preocupación es palpable en las calles: desde ataques a sedes gremiales hasta asaltos en pinturerías, pasando por robos en locales gastronómicos históricos del barrio. Lo que antes era una zona tranquila ahora se siente como un campo de batalla donde los delincuentes actúan casi sin restricciones.
Yanina, dueña de Polijub, una heladería tradicional ubicada cerca de la Cruz del Norte, es una de las víctimas más recientes que decidió contar su historia. Todo sucedió alrededor de las 2:30 de la mañana, en esas horas críticas cuando el frío intenso y la humedad desalentaban a cualquiera de andar en la calle. Precisamente en ese momento, cuando la vigilancia policial es prácticamente invisible, un sujeto conocido en el barrio irrumpió en su local. "Directamente nos enteramos ya por la policía. Esta persona entra a las 2:30 más o menos de la mañana y rompe el vidrio", relató la comerciante, explicando que ni siquiera pudieron advertir lo ocurrido en tiempo real porque dormían. Fue un vecino transeúnte quien, al pasar casualmente por la zona, notó los vidrios rotos y dio aviso a las autoridades.
Lo más grave del caso es que Yanina tenía dos locales contiguos y el delincuente ingresó a ambos. En uno de ellos funcionaba un sistema de cámaras de vigilancia que pudo captar todo lo sucedido, lo que permitió identificar al autor del delito. Aquí es donde la frustración alcanza su punto máximo: según las denuncias de la comunidad, este tipo ya es conocido por la policía, está identificado, fue registrado por las cámaras de seguridad, pero aun así recupera la libertad rápidamente y vuelve a delinquir. Es el círculo vicioso de la impunidad que genera un profundo desánimo entre los comerciantes, quienes ven cómo sus esfuerzos se desmorona cada noche.
Los vecinos y propietarios de la zona norte no piden nada extraordinario: exigen que haya policías en las calles, que exista un patrullaje preventivo real y constante, que los jueces actúen con celeridad y que las penas realmente funcionen como un freno. Mientras tanto, muchos comerciantes se ven obligados a invertir dinero que no sobra en la instalación de rejas, blindajes y sistemas de seguridad sofisticados. Es irónico: en lugar de destinarse estos recursos a mejorar la calidad del servicio o expandir el negocio, se gastan en intentar no ser robados. La heladería de Yanina y otros establecimientos similares representan emprendimientos familiares que tardaron años en construirse y pueden derrumbarse en minutos si el delincuente se propone hacerlo.
La situación es más preocupante si se consideran los factores que rodean estos hechos. Los ataques ocurren justamente en esas franjas horarias donde las condiciones climáticas adversas y las temperaturas bajas reducen la presencia de personas en la vía pública, lo que aprovechan los delincuentes. Es en esos momentos precisamente cuando desaparece el patrullaje en las principales arterias comerciales del sector. Los comerciantes reclaman que esta descoordinación entre el flujo delictivo y la presencia policial debe cambiar de inmediato. La comunidad está pidiendo a gritos que las autoridades tomen en serio esta ola de inseguridad que la está asfixiando. Sin respuestas concretas, la zona norte seguirá siendo territorio de cazadores nocturnos que saben que pueden actuar prácticamente sin consecuencias.



