La Iglesia formoseña clama por una lucha colectiva contra las drogas
Cientos de personas marcharon por las calles céntricas en el Día Internacional contra el Tráfico de Drogas. El obispo Conejero Gallego pidió erradicar esta "plaga" desde una perspectiva comunitaria y solidaria.
Formosa se movilizó ayer en defensa de la vida. Cientos de formoseños de distintos sectores sociales, religiosos y etarios tomaron las calles del centro de la ciudad para visibilizar una problemática que crece año tras año sin distinción de barrios ni condiciones económicas: el consumo y tráfico de drogas. La Diócesis local, a través de su Pastoral sobre Adicciones y Drogadependencias, convocó a la denominada Caminata por la Vida coincidiendo con la conmemoración internacional dedicada a la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de estupefacientes. La actividad congregó a familias afectadas, estudiantes, jóvenes en procesos de rehabilitación, organizaciones civiles y grupos de acompañamiento como Puentes, demostrando que la lucha contra este flagelo trasciende las instituciones religiosas.
La concentración inicial tuvo lugar en la intersección de España y Sarmiento, justo frente al Obispado, espacio elegido simbólicamente para visibilizar las propuestas de contención que ofrecen los distintos dispositivos pastorales y organizaciones de la sociedad civil. Desde allí, la columna de manifestantes recorrió las inmediaciones de la Plaza 25 de Mayo portando carteles y banderas que plasmaban consignas de esperanza y solidaridad. Silvia Romero, referente de la pastoral que coordinó la iniciativa, enfatizó el espíritu de la convocatoria: se trató de una marcha "por amor al otro y amor a uno mismo", pensada para no estigmatizar ni discriminar a quienes padecen adicciones ni a sus familias. Los participantes también destacaron el valor de interactuar directamente con los jóvenes que se rehabilitan en los hogares especializados, calificando estos encuentros como "oportunidades hermosas" para escuchar sus historias y percibir el agradecimiento con el que muchos de ellos abrazan el camino de la recuperación.
Posterior a la marcha, la comunidad se congregó en la Iglesia Catedral de Nuestra Señora del Carmen para participar en la Santa Misa presidida por Monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo diocesano. Durante la celebración, el prelado no eludió las aristas más crudas de la realidad local: denunció las estructuras del narcotráfico, cuestionó la falta de respuestas institucionales integrales y convocó a la sociedad en su conjunto a asumir las adicciones como un desafío humanitario de alcance global que repercute directamente en el tejido social de Formosa. Conejero Gallego agradeció la continuidad de este espacio anual de oración y reflexión, aunque no sin señalar con preocupación que la problemática ha adquirido dimensiones alarmantes que van más allá de lo individual.
En su homilía, el obispo enfatizó el carácter multidimensional del problema de las drogas. No se trata únicamente del daño que sufre quien consume, sino de la devastación que irradia hacia toda la familia del afectado. Conejero Gallego describió cómo ha escuchado relatos desgarradores de madres desesperadas, impotentes frente a la adicción de un hijo, hermano o ser querido, viendo cómo la droga consume no solo el cuerpo sino también proyectos de vida, dignidad y futuro. Pero lo que más inquietud expresó fue respecto a la edad cada vez más baja en que comienzan los consumos: mientras que hace años esto era característico de jóvenes, ahora se registran casos en adolescentes e incluso en niños de primaria. "Juntos es como podemos erradicar esta plaga, esta lepra", sostuvo el prelado, apelando a la responsabilidad colectiva como única vía posible para combatir un mal que no respeta fronteras sociales ni generacionales.
Utilizando como referencia el pasaje evangélico del día, donde Jesús sana a un leproso, Monseñor Conejero Gallego instó a los fieles a abandonar actitudes de rechazo, asco o indiferencia hacia las personas con adicciones. Su mensaje fue claro: la solidaridad, el acompañamiento afectivo y la visibilización sin ocultamientos constituyen los pilares sobre los que debe construirse una respuesta pastoral y social coherente. El obispo también conectó la problemática local con los lineamientos globales de la Iglesia Católica y las discusiones recientes en el Vaticano, vinculando las adicciones con males estructurales más amplios como la ambición desmedida, la sed de poder y la codicia que caracterizan a las sociedades contemporáneas. La marcha de ayer en Formosa fue, en ese sentido, una expresión local de una batalla universal que requiere el compromiso de gobiernos, instituciones, familias y ciudadanos.



