Kosacoff advierte: la desindustrialización argentina ya es una realidad
El economista especialista en desarrollo sostiene que el proceso de pérdida industrial comenzó en la Convertibilidad y persiste. Critica al Gobierno por no valorar la heterogeneidad del sector.
La Argentina está viviendo un proceso de desindustrialización que no es una amenaza futura, sino una realidad presente. Así lo planteó Bernardo Kosacoff, economista de amplia trayectoria y exdirector de la CEPAL para las Naciones Unidas, quien en una entrevista con medios especializados profundizó sobre los desafíos estructurales que enfrenta la economía nacional más allá de la estabilización macroeconómica que logró el Gobierno. Para el profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Torcuato Di Tella, el fenómeno de debilitamiento industrial no es reciente: sus raíces se remontan a la década de los noventa, cuando Argentina abandonó gradualmente su estructura productiva integrada para transformarse en una economía basada en actividades de menor valor agregado como la maquila y el ensamblado.
Kosacoff reconoce que los avances en materia de estabilidad macroeconómica son innegables. El orden fiscal, el control de la inflación y el reordenamiento monetario constituyen logros significativos que permiten a los agentes económicos tomar decisiones con mayor certidumbre. Sin embargo, el especialista es enfático en señalar que la consolidación macroeconómica es apenas un punto de partida, una condición necesaria pero absolutamente insuficiente para revertir décadas de deterioro industrial. "La estabilidad es como poner los cimientos de una casa: es fundamental, pero sin los cimientos, la casa no se construye. Pero los cimientos solos no hacen una casa habitable", graficó en esencia el pensamiento del economista sobre la complejidad de la recuperación argentina.
Una de las críticas más duras del exdirector de la CEPAL apunta hacia la falta de comprensión que identifica en las autoridades actuales respecto de la heterogeneidad y la diversidad que caracteriza a la industria nacional. Para Kosacoff, el Gobierno comete un error estratégico al no reconocer las capacidades acumuladas durante décadas por el sector productivo argentino. Esta visión simplista, argumenta, puede llevar a políticas que socaven sectores clave sin alternativas válidas de reconversión. El economista enfatiza que la apertura a la competencia internacional debe ser inteligente y selectiva: "Hay que competir en una economía abierta, pero esto no significa entregar los mercados sin condiciones". Señala que todos los países con trayectorias exitosas de desarrollo económico mantienen bases industriales robustas que funcionan como motor de generación de empleo y valor agregado.
Para revertir la desindustrialización, Kosacoff propone una agenda más ambiciosa que incluya inversiones en infraestructura crítica, acceso a financiamiento en condiciones viables y la creación de condiciones sistémicas que permitan a las empresas argentinas proyectarse con horizontes de largo plazo. En la Argentina actual, marcada por una inversión históricamente baja y una avalancha de productos importados, resulta fundamental que el Estado genere un ecosistema de negocios predecible y seguro. El experto también destaca la complejidad social del país: "Tenemos tres Argentinas, no una sola", dice, refiriéndose a la necesidad de políticas diferenciadas que permitan a todos los sectores poblacionales integrarse dignamente a la economía, generar valor y avanzar hacia una mayor formalización laboral.
La visión de Kosacoff plantea un desafío profundo para los formuladores de política económica: sin una estrategia clara de protección y promoción selectiva de la industria nacional, el país corre el riesgo de profundizar su vulnerabilidad externa y de perder capacidades productivas que tardaron generaciones en construirse. Aunque reconoce los logros en materia macroeconómica y valida positivamente la sensibilidad mostrada en políticas sociales, el economista es contundente en advertir que la estabilidad sin inversión en desarrollo industrial termina siendo un espejismo. La pregunta que queda abierta es si las autoridades tendrán la perspectiva necesaria para entender que competir globalmente no significa abandonar la industrialización, sino, por el contrario, fortalecerla con visión estratégica y de largo plazo.



