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Nacional 📅 23 Sep. 2026

La crisis de imagen azota a toda la dirigencia política argentina

Un estudio de la Universidad de San Andrés revela que ninguno de los 26 dirigentes consultados logra superar el rechazo. Bullrich, Milei y Kicillof encabezan el ranking de menor desaprobación, aunque todos en territorio negativo.

La crisis de imagen azota a toda la dirigencia política argentina

La política argentina atraviesa una crisis de legitimidad sin precedentes. Un relevamiento realizado por la Universidad de San Andrés durante la primera semana de septiembre pasado puso números a lo que muchos intuían: la dirigencia en su conjunto está lejos de gozar de apoyo popular. El estudio, que forma parte de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP), evaluó la imagen de 26 políticos de distintas extracciones y encontró un panorama desalentador donde absolutamente ninguno logró un saldo positivo entre aprobación y rechazo.

En el tope del poco envidiable ranking se encuentra la senadora Patricia Bullrich, quien al menos consigue una brecha más angosta entre sus detractores y simpatizantes. Con un 34% de imagen favorable contra un 56% de negativa, la funcionaria acumula un diferencial de -22 puntos porcentuales. Le siguen de cerca el presidente Javier Milei y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, ambos sumidos en territorios más profundos del rechazo. Milei registra un 33% de valoración positiva frente a un 61% desfavorable, lo que significa un saldo de -28 puntos. Kicillof, por su parte, cuenta con apenas un 30% de imagen positiva contra 61% de negativa, un diferencial de -31 puntos que lo ubica tercero entre los menos rechazados.

A medida que se desciende en la lista, el panorama se torna aún más complejo para la clase política nacional. Cristina Kirchner aparece con un 29% de opiniones positivas y un 64% de rechazo, mientras que Myriam Bregman, aunque comparte el mismo porcentaje de aprobación, logra un menor nivel de desaprobación del 48%. La vicepresidenta Victoria Villarruel y el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri cierran el grupo de dirigentes con cercana paridad, ambos con un 28% de imagen positiva. El expresidente Mauricio Macri obtiene un 26%, Juan Grabois y Sergio Massa apenas alcanzan un 23%, mientras que el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, cierra el primer tercio con apenas un 20% de valoración favorable.

En los extremos más crudos del rechazo aparecen figuras como el diputado Máximo Kirchner y la diputada Lilia Lemoine. El primero obtiene solamente 17% de imagen positiva contra 71% negativa, un diferencial de -54 puntos que lo posiciona entre los más rechazados. Lemoine es incluso más castigada: apenas 10% de valoración favorable frente a 62% desfavorable, equivalente a un déficit de -52 puntos. Estos números reflejan una erosión reputacional generalizada que afecta a políticos de todos los espectros ideológicos y niveles de gobierno, evidenciando una desconexión profunda entre la clase dirigente y la población.

Más allá de las evaluaciones individuales, el estudio también midió la aprobación general del Gobierno nacional. Solo un 35% de los consultados aprobó la gestión de Milei, mientras que 61% la desaprobó. Estos números se agudizaban cuando la ESPOP consultaba por la percepción general del país: el 69% manifestó estar insatisfecho con la marcha de las cosas, dejando apenas un 29% de ciudadanos satisfechos con la situación nacional. Se trata de un escenario de descontento masivo que trasciende a los gobiernos específicos y toca a la estructura política en su conjunto.

Las preocupaciones expresadas por quienes fueron encuestados revelan las razones profundas detrás de este rechazo generalizado. El desempleo encabeza la lista de inquietudes con un 39% de menciones, seguido de cerca por los bajos salarios con 36%. La corrupción y la pobreza completan el cuarteto de principales angustias ciudadanas, cada una mencionada por el 29% de los consultados. Estos indicadores muestran que el rechazo a la dirigencia no es caprichoso ni emocional, sino que encuentra raíces concretas en las condiciones de vida de la población. La falta de empleo, la precarización de ingresos y la persistencia de la pobreza generan un contexto donde la legitimidad política se erosiona sin remedio, y ningún dirigente logra escapar a esta ola de desaprobación que, según este diagnóstico de San Andrés, no distingue entre oficialismo y oposición, entre experiencia y novedad, ni entre perfiles ideológicos.

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