¿Le alcanza a Milei controlar la inflación para reelegirse en 2027?
Aunque el gobierno logró estabilizar la economía, las encuestas muestran erosión del apoyo electoral. La mayoría de los ciudadanos aún no siente mejoras en sus perspectivas y crece el voto sin representación política.
El gobierno de Javier Milei puede jactarse de haber frenado la sangría inflacionaria que desangraba al país hace apenas un año. Sin embargo, ese logro podría no ser suficiente para garantizar su continuidad en el poder cuando llegue el momento de dirimir la contienda electoral. Los números que arrojan las encuestas pintan un cuadro más complejo: La Libertad Avanza ha perdido considerable tracción respecto a la victoria contundente del ballotage de 2023, cuando el libertario se impuso con un mensaje de cambio radical que cautivó a una sociedad harta de lo conocido.
Los resultados del primer semestre del año actual muestran grietas preocupantes. No se trata solo de que la inflación haya repuntado inesperadamente o de que la economía permanezca estancada. El salario real de los trabajadores ha caído, fenómeno que impacta directamente en la vida cotidiana de millones de formoseños y argentinos. Sumado a esto, episodios políticos incómodos —como el escándalo vinculado al supuesto enriquecimiento ilícito del ex jefe de Gabinete— han nublado la gestión y planteado interrogantes sobre las reales posibilidades de reelección que tiene el mandatario libertario. Falta más de un año para los comicios, pero en círculos empresariales ya crece la inquietud sobre cuál será el derrotero económico más allá de 2027.
La estrategia del oficialismo intenta sostenerse sobre un pilar frágil: el rechazo al kirchnerismo. Milei ha hecho de la confrontación con el pasado peronista su principal baza política, alimentando la premisa de que "la mayoría no quiere volver atrás". Esta táctica quedó en evidencia hace poco cuando el presidente dirigió sus críticas contra Cristina Fernández por cadena nacional durante la presentación del proyecto de reforma del Banco Central. No es una jugada nueva: Mauricio Macri intentó algo parecido durante su mandato, pero terminó perdiendo en 2019 ante Alberto Fernández, presentado como un peronismo más templado. La historia sugiere que este tipo de estrategias pueden resultar contraproducentes si no se respaldan con resultados tangibles que mejoren la vida de la gente.
Las mediciones actuales revelan un panorama donde Milei y Axel Kicillof, los dos candidatos con mayores perspectivas de llegar a una eventual segunda vuelta, muestran niveles de aprobación y rechazo prácticamente equiparables. No existe entre ellos una disparidad contundente en intención de voto que presagie una victoria clara para ninguno de los dos. Pero hay un dato aún más inquietante: aproximadamente el 40 por ciento de los electores no se sienten representados ni por las opciones de centro derecha que encarna el mandatario ni por el peronismo kirchnerista liderado por el bonaerense. Esa masa de votantes sin representación no deja de crecer, lo que constituye una amenaza latente para el sistema político en su conjunto y, particularmente, para las aspiraciones electorales del gobierno actual.
Algunos analistas advierten que existe una lectura equivocada de lo que la sociedad realmente demanda. Consideran que Macri malinterpretó su victoria de 2015, creyendo que la ciudadanía respaldaba sus políticas cuando en realidad fue votado principalmente por el cansancio generado por el modelo kirchnerista. No fueron únicamente los magros resultados económicos, sino también las actitudes que percibieron como autoritarias y un Estado presente pero para obstaculizar, no para facilitar. De manera similar, plantean que Milei debería reflexionar: gran parte de su apoyo provino de la ilusión de un cambio profundo en un contexto donde la gente rechazaba no solo a los políticos tradicionales, sino también a instituciones que no funcionan y un país con menos oportunidades. En 2023, no era raro escuchar "si nos fue mal con los cuerdos, probemos con el loco".
La preocupación en los despachos oficiales es que esa promesa de transformación radical aún no se ha materializado de manera visible para la mayoría. Mientras se acerca inexorablemente el próximo ciclo electoral, la pregunta que flota en el aire es si controlar la inflación —sin lograr recuperación económica genuina, sin mejorar salarios, sin restaurar esperanza— será realmente el salvoconducto que el gobierno necesita para renovar su mandato. Los datos sugieren que el camino hacia una reelección cómoda se ha vuelto considerablemente más accidentado desde aquel ballotage de hace tres años.



