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Formosa 📅 29 Sep. 2026

Machado: la prevención es clave contra los incendios rurales en Formosa

El coordinador del Plan Provincial del Manejo del Fuego explicó que el 90% de los siniestros son causados por el hombre y rechazó invertir en aviones hidrantes como solución.

Machado: la prevención es clave contra los incendios rurales en Formosa

Las últimas semanas fueron críticas para el oeste formoseño. La sequía que azotó el departamento Matacos y zonas aledañas generó una cascada de incendios rurales que movilizó a las autoridades provinciales en tareas de contención y evaluación de daños. Sin embargo, un cambio radical en las condiciones climáticas en las últimas horas trajo algo de respiro a los equipos de lucha contra el fuego. Las brisas del sur bajaron considerablemente la temperatura y propiciaron precipitaciones que los especialistas ya anticipaban. Héctor Machado, coordinador del Plan Provincial del Manejo del Fuego, ofreció detalles sobre la situación actual en diálogo con la FM VLU 88.5, abordando causas, métodos de combate y disponibilidad de recursos en una entrevista que desnuda los mitos sobre cómo se extinguen realmente estos siniestros.

Según Machado, lo que hoy se observa en el territorio es el resultado de una cadena de factores donde la responsabilidad humana juega un papel predominante. El especialista fue categórico al señalar que más del 90% de los incendios de pastizales y áreas forestales en la provincia tienen origen en acciones de personas, ya sea por negligencia o intención deliberada. En muchos casos, propietarios de predios deciden quemar superficies sin evaluar adecuadamente las condiciones meteorológicas del momento: temperaturas elevadas, vientos que superan los 50 kilómetros por hora y ausencia total de humedad en el ambiente. Esta combinación resulta explosiva y garantiza que cualquier fuego se propague de manera descontrolada. También están aquellos que ingresan a zonas rurales para cazar o pescar, encienden pequeñas fogatas para calentarse o preparar alimentos, y luego las abandonan sin apagarlas correctamente. Todos estos comportamientos, aparentemente menores, generan incendios que terminan devastando miles de hectáreas.

Un aspecto fundamental que Machado enfatizó en su intervención radial es el rol limitado que cumple el agua en la extinción de incendios forestales de gran magnitud. A diferencia de lo que muchos ciudadanos imaginan, no se trata simplemente de arrojar agua sobre las llamas. Cuando el fuego alcanza un frente de cuatro o cinco kilómetros de extensión, es prácticamente imposible atacar toda la línea activa del incendio. En estos escenarios, la estrategia cambia por completo: los brigadistas trabajan en la apertura de caminos cortafuegos y callejones que interrumpan la propagación del fuego, intentando contenerlo para que no alcance poblaciones o establecimientos productivos importantes. Si el siniestro es tan violento que resulta incontrolable, la única opción es replegarse estratégicamente y proteger lo que aún es posible salvar. Esta realidad contrasta fuertemente con la creencia popular de que inversiones en aviones hidrantes resolverían el problema.

Justamente cuando se plantea la necesidad de modernizar la flota aérea de combate contra incendios, Machado dejó clara su posición sobre cómo debería asignarse el presupuesto. Expresó sin ambigüedades que preferiría contar con treinta autobombas forestales distribuidas estratégicamente en el territorio antes que invertir en un único avión hidrante. Esta preferencia responde a una lógica de eficiencia: los recursos terrestres permiten una respuesta más rápida en focos dispersos, accesibles desde puntos de partida próximos a las comunidades afectadas. Un avión, en cambio, requiere condiciones climáticas específicas para operar, infraestructura de apoyo compleja y limitaciones operacionales que lo hacen menos práctico para una geografía provincial tan dispersa y accidentada como la de Formosa. La verdadera solución, insistió el coordinador, radica en la prevención como base de cualquier estrategia integral.

Machado fue tajante respecto a una certeza que todos los que trabajan en control de incendios conocen: los recursos nunca serán suficientes. Por eso la prevención emerge como el pilar fundamental. Se trata de medidas concretas que los pobladores pueden implementar en sus propiedades: mantener las áreas cercanas a construcciones libres de maleza, crear cortafuegos naturales, evitar quemar residuos durante períodos de alto riesgo y respetar las restricciones que las autoridades comunican. Estas acciones preventivas evitan que pequeños focos se conviertan en catástrofes, reducen la presión sobre los equipos de emergencia y disminuyen significativamente los daños ambientales y económicos. Aunque las cifras definitivas de hectáreas afectadas, pérdidas materiales y animales aún están en proceso de recopilación con los municipios e instituciones locales, el mensaje del coordinador es claro: el esfuerzo de prevención de hoy es el ahorro de recursos y vidas mañana. La información dispersa en el territorio requiere tiempo para consolidarse en estadísticas oficiales, pero lo importante ahora es que las comunidades incorporen estos aprendizajes para evitar que situaciones similares se repitan en futuras temporadas de riesgo.

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