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Nacional 📅 16 Jun. 2026

Milei contra las cuerdas: el ultimátum de sus aliados sobre Adorni

El Presidente enfrenta una crisis política sin salida mientras gobernadores y el PRO le exigen la renuncia del jefe de Gabinete antes del 23 de octubre, cuando se votará una moción de censura en Diputados.

Milei contra las cuerdas: el ultimátum de sus aliados sobre Adorni

La brújula política de Javier Milei marca turbulencias. Con menos de dos semanas en el calendario, el Presidente se debate en un callejón sin salida que amenaza con erosionar los frágiles consensos que sostienen su gobierno. La culpable de este desorden es la figura de Manuel Adorni, quien hasta hace poco era considerado uno de los funcionarios más cercanos y leales a la Casa Rosada. Hoy, ese mismo Adorni representa el talón de Aquiles del mandatario libertario, y sus propios aliados le están marcando el camino de salida con firmeza.

El plazo es inflexible: ocho días separan a Milei de la sesión especial convocada para el 23 de octubre en la Cámara de Diputados, donde se votará una moción de censura contra el jefe de Gabinete. Quienes más presionan al Presidente son precisamente sus socios más valiosos en el Congreso. El PRO, ese partido fundado por Mauricio Macri que funciona como principal sostén legislativo de La Libertad Avanza, ya envió el mensaje con claridad meridiana: o Milei se despega de Adorni o afrontará las consecuencias políticas. "Los que estamos apoyando el cambio queremos que defiendas el cambio, no a Adorni", sentencia el comunicado que circuló desde las oficinas macristas. No es un consejo amistoso sino un ultimátum disfrazado de sugerencia.

Lo que tornó insostenible la posición del jefe de Gabinete fue su propia confesión. En la declaración jurada que presentó ante la Justicia federal, Adorni reconoció haber cometido lo que el Código Penal tipifica como "omisión maliciosa" (artículo 268), al no declarar tenencias de criptomonedas que acumulaban una fortuna considerable. Su explicación de que se trataba de ahorros olvidados en una "billetera fría" de bitcoins causó más incredulidad que comprensión. Las encuestas demuestran que tres de cada cuatro argentinos simplemente no le creen. En el propio gobierno libertario, ni siquiera hay voces que se animen a refrendar semejante versión de los hechos, lo que evidencia el nivel de escepticismo generalizado que existe alrededor de esta historia.

Los gobernadores, esos actores clave del federalismo argentino que Milei necesita para gobernar, también bajaron los brazos. Un colaborador de uno de los mandatarios provinciales más cercanos a la administración nacional fue contundente en sus palabras: "Acá no se trata de pedirle al gobierno que nos apoye en temas de equilibrio fiscal o ajuste universitario. Lo de Adorni es un asunto ético, moral, de corrupción pura y dura. Nosotros no podemos pagar ese costo". La diferencia es crucial: mientras que los gobernadores pueden debatir estrategias económicas con Milei, ninguno está dispuesto a gastar capital político defendiendo a un funcionario involucrado en lo que huele a enriquecimiento ilícito.

Mauricio Macri, quien semanas atrás expresó públicamente su disconformidad con la designación de Adorni durante una cena en Olivos, se aseguró de que su mensaje llegara con toda claridad antes de viajar al Mundial de la FIFA. El ex presidente no solo marcó distancia sino que además propuso un nombre para suceder al jefe de Gabinete: Horacio Marín, CEO de YPF. Desde aquella noche incómoda en la residencia presidencial, Macra y Milei no volvieron a cruzarse. Mientras tanto, Cristian Ritondo, jefe del bloque amarillo en Diputados, mantiene una reunión cerrada con sus legisladores. Fernando De Andreis, figura clave del PRO en la Cámara Baja, ya transmitió la orden macquista: avanzar sin titubeos hacia la destitución de Adorni.

El dilema de Milei es existencial. Puede intentar defender a Adorni y perder el apoyo legislativo que necesita para gobernar, o bien puede sacrificar al jefe de Gabinete y salvar su credibilidad política. Lo paradójico es que Adorni fue siempre un promotor del discurso sobre la "moral como política de Estado", ese eje que Milei pregonaba durante su campaña. Hoy, esa misma brújula ética lo señala como el culpable de una falla moral monumental. Con cada día que pasa sin que el Presidente tome una decisión, el capital político que le queda se erosiona un poco más. Los ocho días que quedan no son tan solo un plazo: son el espejo en el que Milei deberá verse reflejado antes de decidir si prevalecen sus principios declarados o sus lealtades personales.

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