Monseñor Conejero invita a buscar silencio para escuchar a Dios
El obispo de Formosa reflexionó sobre la necesidad de espacios de contemplación en medio del ritmo acelerado de la vida moderna, durante la misa del décimo noveno domingo del Tiempo Ordinario.
Con la iglesia llena de fieles, Monseñor José Vicente Conejero Gallego presidió la celebración eucarística matutina en la Catedral Nuestra Señora del Carmen y aprovechó para compartir con la comunidad una reflexión profunda sobre cómo vivir la fe en tiempos de agitación constante. El prelado diocesano se dirigió a los presentes con un mensaje que resonó especialmente en quienes buscan reencontrarse espiritualmente en medio del bullicio cotidiano, ofreciendo herramientas para fortalecer la conexión con lo sagrado y prepararse para los próximos eventos que marcarán el calendario religioso local.
El mes de agosto, señaló el obispo, ha sido particularmente significativo para la diócesis por la concentración de festividades y celebraciones que movilizan la devoción popular. Conejero Gallego repasó los hitos espirituales más recientes: la fiesta de San Cayetano, profundamente arraigada en la tradición argentina como patrono del trabajo y la provisión; la celebración de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores y promotor del rezo del Rosario; y la administración del Sacramento de la Confirmación a jóvenes y adultos que recibieron el Espíritu Santo. Próximamente, añadió, llegará la solemnidad de la Asunción de María, que será vivida con especial alegría como testimonio del triunfo del bien sobre el mal.
El núcleo de la homilía giró en torno a una invitación paradójica para nuestro tiempo: la necesidad urgente de silencio y serenidad. Basándose en el pasaje del Antiguo Testamento donde el profeta Elías busca refugio en el monte Oreb huyendo de la desolación, Monseñor Conejero Gallego desentrañó una lección fundamental. Mientras que el profeta esperaba encontrar a Dios en fenómenos estruendosos como el huracán, el terremoto o el fuego, la presencia divina se manifestó en la brisa suave y delicada. Con esta imagen poética, el obispo subrayó que vivimos en una época saturada de ruidos, distracciones y preocupaciones que nos impiden escuchar verdaderamente la voz del Señor. Necesitamos, insistió, crear momentos de quietud y reflexión para sintonizar con la voluntad divina.
Para enriquecer su mensaje, el prelado conectó esta enseñanza con la Transfiguración del Señor en el monte Tabor, otro episodio bíblico donde la voz del Padre ordena a los discípulos que escuchen a Jesucristo. Conejero Gallego enfatizó que la misión fundamental de todo creyente durante su paso por la tierra consiste en contemplar constantemente la vida, el mensaje y el ejemplo de Jesús para seguir sus pasos con fidelidad en el contexto complejo del mundo contemporáneo. Esta contemplación activa, aclaró, no es un ejercicio pasivo de evasión, sino una práctica que capacita a los fieles para actuar coherentemente según los valores evangélicos en sus relaciones cotidianas, en el trabajo, en la familia y en la comunidad.
El obispo aprovechó también para preparar espiritualmente a la comunidad diocesana ante la proximidad de la visita papal, un acontecimiento de trascendencia tanto para la Iglesia local como para la universal. Al disponer los corazones mediante esta reflexión sobre la escucha atenta y la presencia contemplativa, Conejero Gallego buscó que cada formoseño se acerque a este evento histórico no como mero espectador, sino como miembro activo de la familia de Dios, plenamente consciente de su dignidad y responsabilidad como hijo de un Padre amoroso que vela constantemente por el bienestar de la humanidad, tal como lo hacen los padres terrenales con sus hijos.



