Prefectura alerta por los peligros de la bajante del río Paraguay
Las autoridades navales extreman las medidas de seguridad ante el descenso de aguas que expone corrientes peligrosas. Advierten sobre ingresos no autorizados a la ribera y refuerzan controles en toda la costa formoseña.
La Prefectura Naval Argentina en Formosa encendió las alarmas por la preocupante disminución del caudal del río Paraguay, fenómeno que está transformando radicalmente la geografía de la ribera y generando condiciones cada vez más riesgosas para bañistas y navegantes. Frente a esta situación, las autoridades desplegaron un comunicado de prevención dirigido a los vecinos, instándolos a extremar los cuidados y a respetar las zonas habilitadas. Lo que preocupa especialmente a los prefectos es que cada vez más gente se anima a ingresar a sectores no autorizados, ignorando los peligros latentes que acechan bajo la superficie.
El descenso progresivo de las aguas modifica sustancialmente la estructura del lecho fluvial, dejando al descubierto fenómenos hidrológicos que normalmente permanecen ocultos. Cuando baja el nivel, el cauce principal se retrae hacia zonas de profundidad considerable y con corrientes sumamente virulentas, situadas apenas a pocos metros de donde termina la orilla. Esto quiere decir que quien se atreva a meterse en el agua creyendo que está cerca de la costa puede encontrarse de repente siendo arrastrado hacia profundidades peligrosas. Las autoridades navales han constatado reiteradamente el ingreso de personas a las aguas del río en sectores donde no hay control ni seguridad, transformando estas incursiones en verdaderas ruletas rusas con la propia vida.
Para combatir esta problemática y evitar tragedias, la Prefectura intensificó sus operativos de vigilancia tanto en tierra como en el agua. Los efectivos realizan patrullajes informativos continuos a lo largo de toda la franja costera, aproximándose a quienes se acercan a zonas prohibidas para explicarles en terreno cuál es el riesgo real que corren. El mensaje es directo y sin vueltas: el río en estas condiciones es un enemigo potencial, y la ausencia de guardavidas en playas no autorizadas convierte cualquier incidente en una emergencia potencialmente mortal. Por eso, desde la institución martítima insisten en que la única opción segura es concurrir a los balnearios habilitados oficialmente por la municipalidad, donde existe personal calificado para brindar auxilio.
Pero la responsabilidad no recae solo en los bañistas ocasionales. Quienes operan embarcaciones—ya sean lanchas a motor, motos de agua, kayaks o canoas—deben cumplir con un exhaustivo protocolo de seguridad antes de soltar amarras. La Prefectura enfatiza que toda embarcación debe estar verificada mecánicamente, contar con la documentación completa (Certificado de Matrícula, Certificado de Elementos de Seguridad, habilitación náutica vigente y DNI del operador) y estar equipada con todos los elementos de auxilio reglamentarios. Entre estos figuran chalecos salvavidas homologados de uso obligatorio, matafuego actualizado, equipo de achique, ancla con cabo, remo, bengalas de señalización, silbato, espejo de señales, botiquín de primeros auxilios, linterna estanca y medios de comunicación como radio VHF o celular cargado.
Las restricciones operacionales también son claras y taxativas: no se debe exceder jamás la capacidad máxima de pasajeros para la que fue diseñada la embarcación, no se puede navegar con visibilidad reducida sin las luces reglamentarias encendidas, y resulta obligatorio consultar el pronóstico meteorológico y la altura actualizada del río antes de cualquier travesía. Además, las embarcaciones menores como kayaks y canoas deben notificar obligatoriamente a la dependencia de Prefectura cada vez que zarpan y regresan, permitiendo así un registro preciso del tráfico fluvial que facilite intervenciones rápidas ante cualquier imprevisto. Con estas medidas, la autoridad busca que los formoseños disfruten del río con responsabilidad, respetando su poder y sus amenazas latentes.



