Un economista de Wall Street advierte: el dólar argentino está "barato"
Alberto Ades, especialista que asesora fondos estadounidenses, sostiene que el tipo de cambio debería rondar los $1800-$1900 para alcanzar el equilibrio real de la economía argentina.
La paradoja económica que atraviesa Argentina en estos días genera tensiones contradictorias en los mercados financieros. Mientras el riesgo país desciende a niveles no vistos desde 2018 y las arcas del Banco Central se fortalecen, el dólar mayorista continúa su escalada imparable, acumulando tres semanas consecutivas de suba. El desafío de lograr una brújula común en las variables macroeconómicas vuelve a colocar al tipo de cambio en el centro del debate entre especialistas y tomadores de decisiones.
Alberto Ades, economista con doctorado de la Universidad de Harvard que desde hace más de tres décadas reside en Estados Unidos y asesora a importantes fondos de inversión en Wall Street, ofrece una lectura provocadora de la situación cambiaria local. Según su perspectiva, el dólar que circula actualmente en Argentina se encuentra subvaluado respecto de su valor de equilibrio real. Para Ades, un tipo de cambio genuino debería posicionarse en una franja significativamente superior, estimando un piso cercano a los $1800 y un techo próximo a los $1900. Esta postura desafía la idea tradicional de que mantener un dólar "bajo" es beneficioso para contener la inflación.
El economista no elude las implicancias de su propuesta. Reconoce explícitamente que elevar el tipo de cambio hacia esos niveles generaría presiones inflacionarias adicionales en la economía. Sin embargo, argumenta que el costo inflacionario sería un precio razonable a pagar por lograr una estructura cambiaria más robusta y sostenible. Citando el caso uruguayo como precedente, Ades enfatiza que "Argentina debe encontrar la forma de tolerar un punto de cambio más elevado, incluso si eso implica un incremento moderado en los precios". Su análisis introduce también consideraciones sobre el calendario electoral de 2027, sugiriendo que presiones políticas podrían mantener artificialmente el dólar en niveles deprimidos.
En su análisis más reciente, Ades identifica una divergencia crucial entre las señales que emiten diferentes segmentos del mercado financiero. Mientras el segmento de crédito soberano lee mejora en los fundamentos de largo plazo, reflejado en la caída sostenida del riesgo país, el mercado de divisas interpreta presión y urgencia inmediata. Esta brecha no es casual, sino que responde a perspectivas temporales distintas. El mercado de bonos y deuda soberana examina la foto de mediano plazo: un ajuste fiscal que sigue en pie y una intención declarada de reformar institucionalmente el Banco Central. En cambio, el mercado cambiario se enfoca en la "caja diaria", en hechos inmediatos que generan presión de demanda en el corto plazo.
Los datos que explican esta urgencia cambiaria son contundentes. La recaudación tributaria mostró retrocesos en términos reales durante el mes anterior, reduciendo el flujo de divisas que ingresa por ese conducto. Simultáneamente, la autoridad monetaria está comprando dólares en volúmenes menores a los que debería hacerlo para acumular genuinamente sus reservas internacionales. A ello se suma la característica estacional de julio, que históricamente genera demandas adicionales de cobertura cambiaria por parte de empresas y exportadores. Este cóctel de presiones es el que explica la suba persistente del tipo de cambio en las últimas semanas.
Ades también formula una advertencia de orden estructural sobre las herramientas utilizadas para defender el tipo de cambio. Según su evaluación, recurrir a instrumentos financieros en lugar de a reservas genuinas puede funcionar durante el tiempo que el mercado conserve paciencia, pero no es equivalente a contar con un verdadero poder de fuego. Esta distinción cobra mayor relevancia en contextos de vencimientos de deuda, como ocurre a mediados de mes, cuando las necesidades de liquidez en dólares se vuelven ineludibles y la confianza de los mercados se pone a prueba.



