Georgieva respalda el programa económico pero exige profundizar las reformas
La directora del FMI visitó la Casa Rosada y avaló los avances macroeconómicos, aunque alertó sobre la necesidad de diversificar el crecimiento y generar más empleo en sectores menos dinámicos.
Kristalina Georgieva, máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional, volvió a ratificar su respaldo al rumbo económico del Gobierno durante una visita a la Casa Rosada que funcionó más como acto político que como evaluación técnica. En una conferencia de prensa junto a Javier Milei y su gabinete ampliado, la titular del organismo dejó clara su apuesta por la continuidad del programa, aunque no eludió señalar los desafíos pendientes que enfrenta la Argentina para consolidar su recuperación.
Durante el encuentro, Georgieva destacó los logros macroeconómicos alcanzados en estos primeros meses de administración: la consecución del superávit fiscal, la caída de la inflación desde niveles cercanos al 210% anual hacia el 30% actual, la reducción del riesgo país y la disminución de la pobreza. Estos números representan el espejo en el cual el Fondo quiere verse reflejado, ya que la Argentina es su principal deudor a nivel mundial, absorbiendo aproximadamente un tercio de todos los créditos que otorga. Analistas internacionales subrayan que en ningún lugar del mundo se han aplicado las prescripciones del organismo con tanta rigurosidad como aquí, lo que convierte al caso argentino en un laboratorio de políticas macroeconómicas ortodoxas.
Sin embargo, la funcionaria fue explícita al plantear que los logros conseguidos hasta ahora son apenas el piso sobre el cual construir. Enfatizó la necesidad de que el crecimiento económico se distribuya de manera más equitativa entre sectores y regiones, advirtiendo que actualmente el dinamismo se concentra en actividades extractivas como petróleo, gas y minería, además de la producción agraria. Estos sectores, aunque lideren las proyecciones de expansión para 2024 –con estimaciones de crecimiento que van desde 8,5% en el agro hasta 10,5% en energía– representan solo el 9% del empleo formal en el país, según relevamientos especializados. Esto genera una paradoja incómoda: mientras algunos sectores crecen a doble dígito, el consumo apenas avanza 1% y la industria apenas llega a 0,9%.
La visita de Georgieva no fue casual en términos de calendario político. Con la campaña electoral de 2027 en el horizonte y la necesidad de demostrar que el ajuste macroeconómico es compatible con mejoras en las condiciones de vida de la población, el Gobierno aprovechó la presencia de la directora del FMI para enviar un mensaje de continuidad y certidumbre a los mercados. El respaldo del organismo internacional funciona como garantía de que el camino elegido es el correcto, aunque ese camino presente irregularidades notables: economistas privados describen el comportamiento de la actividad con un término poco alentador: "comportamiento serrucho", reflejando la volatilidad de los indicadores mensuales que impiden hablar de una recuperación sólida y sostenida.
El dilema que enfrenta Argentina es sustancial. El Fondo Monetario tiene todo el interés en que el programa funcione –en su reputación internacional y en sus propias cuentas– pero también sabe que un crecimiento concentrado en pocos sectores y excluyente en términos de empleo genera tensiones sociales que, eventualmente, pueden comprometer la estabilidad política necesaria para sostener cualquier programa. Por eso Georgieva insistió en la necesidad de reformas estructurales que diversifiquen la economía, estimulen la creación de empleo masivo y desplieguen el potencial del crédito hipotecario como motor de demanda agregada. La pregunta que lanzó la directora del FMI –"¿puede ser perseverante el pueblo argentino para transformar el país?"– encapsula la apuesta: que la sociedad mantenga la paciencia necesaria mientras los beneficios del ajuste llegan más allá de los sectores privilegiados.


