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Nacional 📅 30 Jul. 2026

Georgieva advierte sobre los frágiles equilibrios de la economía argentina

La directora del FMI visitó el país con inquietudes sobre la sustentabilidad del programa. El tipo de cambio y la informalidad laboral encendieron las alertas de la titular del organismo internacional.

Georgieva advierte sobre los frágiles equilibrios de la economía argentina

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, llegó a la Argentina con una misión clara: evaluar si el acuerdo firmado con el organismo mantiene sus bases sólidas o si se tambalea bajo presiones que pueden resultar insostenibles. Y aunque elogió públicamente la determinación del presidente Javier Milei para mantener el equilibrio fiscal, sus preguntas durante los encuentros privados revelaron preocupaciones que van más allá de lo que transmite el discurso oficial.

Una de las cuestiones que más inquietó a la economista búlgara fue la ubicación del tipo de cambio en el techo de la banda de intervención, rondando los $1.842. La pregunta no era ingenua: Georgieva conoce bien la historia económica argentina y las lecciones del plan de convertibilidad de los años 90, cuando la paridad fija de un peso por dólar terminó generando una apreciación artificial de la moneda que contribuyó al colapso del sistema. En sus conversaciones, la titular del FMI marcó un paralelismo histórico que funcionó como una advertencia velada. Los técnicos del organismo detectaron que el dólar oficial acumula una apreciación cercana al 13% en términos reales desde finales de 2023, una métrica que los analistas monitorean con atención porque impacta directamente en la competitividad de las exportaciones y en el equilibrio de la balanza comercial.

Aunque el tipo de cambio mayorista cerró esta semana a $1.496, ubicándose por debajo del techo de intervención, existe una tensión permanente en el mercado de divisas. Los operadores reportan un crecimiento en la demanda de cobertura entre empresas, mientras que el Banco Central habría intentado contener esa presión mediante la venta de títulos dólar link. Detrás de estas maniobras está la estrategia del Ministerio de Economía de mantener el dólar controlado para evitar que sus subas se trasladen a los precios. Para Milei, reducir la inflación sigue siendo la prioridad número uno, aunque esto implique navegar en aguas cada vez más turbulentas.

Pero las preocupaciones de Georgieva no se limitaron al comportamiento de la divisa. La directora del FMI también puso el foco en el crecimiento de la informalidad laboral, un fenómeno que se estima alcanza el 40% del PIB según cálculos de analistas privados. Esta cifra es más que un indicador de precariedad social: es una bomba de tiempo para las finanzas públicas. La informalidad reduce la base tributaria del Estado, complicando el cumplimiento de los compromisos de superávit fiscal que Argentina asumió con el organismo. Es un círculo vicioso: menos ingresos fiscales generan presión sobre el gasto, pero los recortes adicionales se vuelven cada vez más difíciles después del ajuste que ya se ha realizado.

De hecho, los números recientes lo confirman. En junio pasado, el Tesoro no logró alcanzar la meta de superávit prevista para el primer semestre del año: obtuvo $6,3 billones, unos $600.000 millones por debajo del objetivo. Esto ocurre en un contexto donde el gasto público está lastrado por partidas que se actualizan automáticamente según la inflación, lo que limita el margen de maniobra del Ejecutivo. Georgieva manifestó en varias oportunidades su convencimiento de que "esta vez será diferente" para Argentina debido a la firmeza de Milei en mantener el equilibrio, pero sus preguntas sobre la sustentabilidad política y fiscal sugieren que el FMI no está completamente convencido de que los números cierren en el mediano plazo sin presiones adicionales.

La visita del FMI fue, en esencia, un examen de viabilidad del programa. Argentina necesita que el organismo internacional respalde su estrategia para acceder a nuevos desembolsos y financiamiento. Pero Georgieva se fue llevando dudas legítimas sobre si el equilibrio fiscal es sustentable o si depende de condiciones que pueden cambiar rápidamente. El tipo de cambio en el techo de la banda, la informalidad en expansión y las metas de superávit incumplidas son señales amarillas que el FMI no puede ignorar, aunque por ahora mantenga una postura de cautela.

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