Monseñor Conejero Gallego: "Solo Dios da verdadero sentido a la vida"
El obispo diocesano reflexionó sobre la salvación divina y criticó las ideologías que pretenden reemplazar a Dios. La misa en la Catedral congregó a cientos de fieles en una jornada de profunda celebración espiritual.
La Catedral Nuestra Señora del Carmen fue testigo el domingo pasado de una nutrida celebración eucarística que dejó un mensaje claro y desafiante: en tiempos de incertidumbre y búsqueda de soluciones, solo la fe genuina en Dios ofrece respuestas verdaderas. Monseñor Conejero Gallego, obispo de la diócesis, encabezó una misa matutina en la que desarrolló un análisis profundo sobre las lecturas bíblicas y sus implicancias espirituales y sociales para la comunidad formoseña y más allá. La homilía del prelado no fue únicamente un acto de devoción, sino una intervención que tocó temas de relevancia contemporánea, cuestionando críticamente cómo las instituciones humanas y los proyectos políticos ideológicos frecuentemente se presentan como salvadores cuando carecen de esa capacidad.
El obispo inició su mensaje invitando a los presentes a expresar gratitud por las experiencias compartidas en los días previos, particularmente por la celebración de la Asunción de María que la cristiandad conmemora el 15 de agosto. "Demos gracias por la hermosa jornada vivida, en la cual las comunidades cristianas de todo el mundo celebramos con gozo esta solemnidad mariana", expresó Conejero Gallego, haciendo referencia también al encuentro masivo de agentes de pastoral que se realizó días antes en Laguna Blanca. Esta festividad, subrayó el obispo, representa mucho más que una remembranza histórica: constituye una promesa viva para la humanidad que busca esperanza y redención. El dogma de la Asunción, según su interpretación teológica, muestra que la Virgen María fue llevada al cielo sin experimentar la corrupción del cuerpo, un hecho que ofrece a los creyentes la certeza de que la gloria alcanzada por ella será también la de quienes depositan su fe en Cristo.
En el contexto especial de agosto, mes dedicado a la catequesis en la agenda eclesiástica, el obispo dedicó un segmento significativo de su homilía para reconocer la labor silenciosa pero indispensable de los catequistas en toda la diócesis. Con la proximidad de la memoria de San Pío X, patrono de quienes se dedican a transmitir la fe, Monseñor Conejero Gallego enfatizó la importancia de estos educadores espirituales. "Pedimos por todos los catequistas que tienen la responsabilidad de comunicar y acrecentar la fe a través de la Palabra de Dios, la enseñanza de la Iglesia y el testimonio de sus vidas", remarcó el pastor. Simultáneamente, aprovechó para mencionar el aniversario de los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, acontecimiento que fue celebrado ese fin de semana con una emotiva procesión que precedió a la liturgia, donde se trasladaron reliquias del santo franciscano junto con imágenes de la Virgen rodeada de ángeles.
Durante su exégesis del Evangelio según San Mateo, específicamente el pasaje del encuentro entre Jesús y la mujer cananea, el obispo desarrolló una reflexión detallada sobre virtudes fundamentales como la perseverancia, la humildad y la confianza absoluta en la providencia divina. Este relato bíblico sirvió al prelado como vehículo para enfatizar la misericordia y la empatía de Dios frente al sufrimiento humano. "Él nunca es indiferente ante el dolor de quien sufre", aseguró Conejero Gallego. El diálogo entre Cristo y la mujer extranjera ilustra, según su interpretación, cómo el amor genuino de una madre fue capaz de romper las barreras culturales y dogmáticas que existían en esa época. La audacia fundamentada en la fe permitió que esta mujer insistiera ante el Maestro, quien finalmente reconoció su gran confianza con las palabras: "¡Qué grande es tu fe, mujer! ¡Que se cumpla tu deseo!" En ese instante, la sanación ocurrió.
El mensaje del obispo, aunque enraizado en textos y tradiciones milenarias, mantiene una vigencia inquietante para la actualidad. Al criticar las pretensiones de ideologías políticas e instituciones humanas de convertirse en salvadores de la humanidad, Conejero Gallego plantea una advertencia sobre los límites inherentes a cualquier proyecto terrenal. Su discurso propone que la verdadera liberación y sentido de vida no provienen de estructuras de poder o propuestas políticas, sino únicamente de la relación íntima con lo divino. Esta reflexión, pronunciada ante una concurrencia numerosa en la Catedral formoseña, resonó como un llamado a priorizar la dimensión espiritual en medio de las turbulencias del mundo contemporáneo, donde frecuentemente se busca en lo material y lo político aquello que solo puede encontrarse en la fe.



